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Enemigo de los padres de familia

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Para educar sobre la igualdad de derechos, deberes y oportunidades para ambos sexos, no se necesitan barbaridades que deforman la realidad y los valores familiares.



El ministro de Educación, Daniel Alfaro, volvió al ataque contra los derechos de los padres de familia; esta vez, repitiendo que “el objetivo del enfoque de género en el currículo escolar es combatir la violencia contra la mujer y ayudar a eliminar estereotipos negativos que la sociedad les da al hombre y a la mujer”. Declaró, además, que “como sociedad le decimos a las niñas que una serie de opiniones que les quitan igualdad de derechos frente a los hombres (sic). A ellos les decimos que no pueden llorar, que no pueden ser sensibles y los obligamos a que cuando una mujer los rechace sientan tanta frustración que decidan arremeter contra ella”.

No mienta, señor Alfaro. Solo los ideologizados como usted –o acomplejados y deformados profesores o burócratas a los que, en todo caso, usted tiene el deber de capacitar adecuadamente– actúan así. Es todo lo contrario. Para educar sobre la igualdad de derechos, deberes y oportunidades para ambos sexos, no se necesitan las barbaridades de la ideología o enfoque de género que deforman la realidad y los valores familiares.

Basta educar con sentido común y valores morales. Justamente, son el sentido común y los valores morales y familiares los que el enfoque de género quiere eliminar: la unidad familiar, la normalidad de un hogar constituido por madre y padre, las diferencias psicológicas, afectivas y físicas entre las mujeres y los varones, la complementariedad entre la feminidad y la masculinidad, el sentido trascendente de la procreación, la responsabilidad unida a la sexualidad, etc.

El ministro, además, ha tenido el descaro de afirmar que le preocupa la selección de los jueces que intervienen en el proceso judicial que Padres en Acción tiene con el ministerio; que los jueces deben tener presente que el ministerio tiene el derecho de decidir sobre los contenidos educativos y que espera celeridad en la decisión.

Resulta inaceptable que el ministro crea que él, el Estado, los burócratas o los profesores tienen más atribuciones que los propios padres en la educación de los niños. Esa mentalidad es un atentado contra el derecho natural y constitucional de los padres de familia, y un peligro para la sociedad. Nadie tiene más derechos que los propios padres, señor Alfaro.

 

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