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Opinión


11 Abril, 2018.

El vuelto

Pasada la obligada renuncia de PPK, diversos parlamentarios de Fuerza Popular están en el ojo público luego de filtrarse --por enésima vez-- los tristemente célebres Kenji videos sin editar, entregados en mano al fiscal de la nación.

Esta última semana el eje de la crisis política ha pasado del Ejecutivo recién estrenado por el presidente Vizcarra y el premier Villanueva al Congreso. Diversos parlamentarios de Fuerza Popular están en el ojo público luego de filtrarse –por enésima vez– los tristemente célebres Kenyi videos sin editar, entregados en mano al fiscal de la nación por el congresista Mamani y el presidente del Congreso. En estos, el congresista Fujimori se despacha (sin que hasta el momento se haya presentado ni una sola prueba) contra sus colegas Lourdes Alcorta, Úrsula Letona y el propio presidente Luis Galarreta como beneficiarios de aportes de campaña de Odebrecht.

Todos los aludidos han desmentido en diversos tonos los dichos de Fujimori con argumentos más que sólidos pero, en el marco de la caída de un presidente de la república precisamente por sus relaciones con Odebrecht, las implicaciones de Fujimori son altamente dañinas de cara a la opinión pública: hacen imposible dejar de lado una investigación que de hecho se producirá conociendo el evidente sesgo antikeiko que tiene el Ministerio Público –no por nada se filtraron los videos– y cierto sector de la prensa.

A esto se suman los pedidos de investigación al propio Mamani –además de los de su accionar como empresario– por grabar a Fujimori en la escandalosa compra de votos para que no se vacara a PPK, así como la de otros tres congresistas más de Fuerza Popular que habrían estado presentes durante esa reunión apoyando a Mamani en la grabación y, en general, la investigación de todos los que fueron nombrados por Fujimori, Ramírez y Bocángel. Como puede verse el menú es suculento para el escándalo, bajo la premisa de no separar la paja del trigo, que será aprovechado por todos los enemigos de Fuerza Popular que se quedaron con sangre en el ojo y con los crespos hechos luego de la defenestración de PPK.

También el caso –grave– de Edwin Vergara afecta cómo no a Fuerza Popular y al Congreso. Ha sido un acierto del congresista pedir licencia partidaria mientras duren las investigaciones así como su disposición a que se le levante la inmunidad para que estas se produzcan sin problemas.

Finalmente, está el evidente desprestigio que sufre la Comisión de Ética que ya ha perdido dos presidentes de Fuerza Popular por renuncia, la última suscitada por el caso cada vez más molesto y estrafalario de Yesenia Ponce.

Urgen, pues, señales positivas del Congreso en general y de Fuerza Popular en particular hacia la opinión pública para hacer frente a la mala percepción que estos casos generan y que son magnificados por los enemigos del Congreso y de la bancada mayoritaria.

El paso más sencillo es comenzar por la Comisión de Ética. Es evidente que el actual esquema de proporcionalidad válido para la conformación de todas las comisiones ha fracasado en el caso específico de Ética, así que por allí va la mano. La recomposición no puede seguir el esquema anterior; eso ya es obvio. No se trata solo de designar a un nuevo presidente; se trata de reformar completamente y con nuevos criterios dicha comisión.

Lo anterior ayudaría sustantivamente a dar un respiro al Congreso y a FP hasta la presentación del gabinete Villanueva, cuando los focos vuelvan a prenderse sobre el Ejecutivo. Los gestos de transparencia también ayudan mucho, empezando por mantener al día la página del Congreso sobre ese tema. La idea es que la gente perciba que se reconocen los problemas, que no se los evade y que se toman las acciones para corregirlos.


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