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Opinión


23 Enero, 2018.

El verdadero funcionario público

Aunque se escucha a algunos decir que la administración pública es ingrata y que eso pesa en el alma, lo cierto es que no se trabaja en el Estado para recibir las gracias. Conozco gente que verdaderamente se juega el todo por el todo en el sector donde se encuentra, simplemente porque está convencida de que todo comienza y termina en las PERSONAS.

Lesly Shica

| Columnista invitada

Cierto que la administración pública es una labor maravillosa pero, lastimosamente, la actual situación de la misma hace que se venga a menos y desvalorice. Y no le falta sentido, puesto que se tienen indicios (pruebas, en algunos casos) muy razonables para confiar poco o nada en las personas que administran al Estado.

Permitámonos, sin embargo, un voto de confianza y un llamado a mostrarles que todavía tenemos esperanza: existen verdaderos funcionarios ejemplares que pueden ser muy pocos pero ahí están. No se trata solamente de encasillarse dentro de la comúnmente denominada clasificación del CAS (Contrato Administrativo de Servicios), PAC (Personal Altamente Calificado), FAG (Fondo de Apoyo Gerencial), tercero, consultor, asesor, analista, etc. sino de concientizarse en que todo aquel que presta servicios a una institución pública y desarrolla funciones asignadas a la misma es y será siempre un funcionario público.

Y aunque se escucha a algunos exfuncionarios decir que la administración pública es ingrata y que eso pesa en el alma, lo cierto es que no se trabaja en el Estado para recibir las gracias ni tan siquiera incluida en la llamada “resolución del adiós”. Conozco gente que verdaderamente se juega el todo por el todo en el sector donde se encuentra, simplemente porque está convencida de que todo comienza y termina en las PERSONAS.

Pues más allá de normas, políticas, estrategias, negociaciones, coordinaciones o articulaciones que repercuten directamente en la comunidad, lo que pide esta es un contingente funcionarios públicos COMPROMETIDOS. Y entiéndase que este tipo de funcionario no ve su labor como un trabajo más, no se fija en el puesto, la silla o el escritorio asignado.

El verdadero funcionario público se concentra en lo que puede ofrecer a un país tan disgustado con las falsas promesas… en lograr un Perú cada vez mejor.


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