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Opinión


22 Junio, 2018.

El oficialismo difícil

No es un asunto de lealtades o traiciones. Agenda gobierno-pepekausismo debe reconstruirse sobre bases concretas y sensatas.

César Campos

| Columnista

Nunca olvido la resignada expresión del excongresista y exministro humalista Freddy Otárola una mañana de diciembre del 2011 en la cabina de RPP, cuando (junto a Raúl Vargas y Ricardo Gómez Palma) lo entrevistaba para “Ampliación de noticias”. Durante una pausa y luego de haber intentado una defensa cerrada de las primeras medidas económicas del titular del MEF, Luis Miguel Castilla, nos dijo: “Qué difícil es ser oficialista”.

Ciertamente, Otárola no estaba manifestando una experiencia propia y ajena a otros políticos de tiendas distintas en diferentes partes del mundo. A todos estos les gusta con guitarra: criticar, oponerse, acusar. Pero cuando les llega la hora de tocar el cajón del gobierno la ven cuadrada. No se entrenan para construir, defender ni justificar.

Claro que portar la camiseta del oficialismo es muy difícil. Y si lo fue para Otárola cuya bancada parlamentaria empezó con 47 y terminó con 22 (el Partido Nacionalista ya no pudo controlar la Mesa Directiva el último año), ¿cómo no lo será hoy para los escasos congresistas de Peruanos por el Kambio (tercera agrupación representativa) que a menos de dos años de gobierno han enfrentado una severa crisis política, vieron a su presidente Pedro Pablo Kuczynski reasignar el cargo y la asunción al mando supremo de Martín Vizcarra, quien recompuso elgaabinete ministerial reemplazando a la oficialista Mercedes Aráoz en el premierato por un legislador de otra tienda: César Villanueva?

El cuadro es demasiado atípico y enredado como para ensayar fórmulas mágicas de solución o instar al gobierno al rápido expediente de mandar al diablo a la mayoritaria Fuerza Popular, majadería que el antifujimorismo militante sostiene por razones de toda índole. El asunto Ejecutivo-bancada PPK pasa por las definiciones en cuanto a lo que quiere cada extremo de la mesa.

Los del gobierno buscan avanzar y terminar aceptablemente su tarea el 2021. La bancada parlamentaria pepekausista tiene individualidades con ganas de singularidad política, las cuales sienten que Vizcarra y Villanueva la sirven en bandeja a Fuerza Popular. Los primeros –salvo Vizcarra y Salvador Heresi– no sudaron la campaña “Sube, sube PPK” (por el contrario, caso Villanueva o la titular del MIDIS Liliana la Rosa, apostaron ostensiblemente por otras candidaturas) y acentúan la insularidad del expartido oficialista.

Algo que podría unirlos es retomar el proyecto político conjunto, el mismo que los hizo mirarse la cara como cercanos cuando pugnaban por ver a Kuczynski ungido con la banda presidencial. Aun así se recuerda que hubo fraccionamientos prematuros, augurio de la eclosión actual. Por eso tal alternativa es imposible por donde se le mire. Ni siquiera las postulaciones pepekausas a gobiernos regionales y municipales generarán la mínima cohesión entre ellos.

De manera que, reitero, darle cara al tema no resulta sencillo. Hoy el fujimorismo sostendrá desde el Congreso los pasos gruesos de Vizcarra pero quitará la alfombra a sus batallas particulares (caso Ley Mulder), y cercano el 2021 no le responderá ni los buenos días. Lo mismo harán los otros grupos parlamentarios. Las expectativas de los agentes económicos volverán a caerse el 2020 ante la mayor incertidumbre política de la sucesión.

Ante un cuadro tan previsible, lo aconsejable es que gobierno y pepekausismo apuesten por una agenda puntual de coincidencias donde le corresponderá al primero echar sobre la mesa sus planes concretos. Esos planes deberán analizarse y enriquecerse por la bancada. Luego esta deberá emplearse como bisagra de los mismos con el resto de agrupaciones. Tendrá batallas que pelear por convicción y no por obligación que es, en suma, lo que parecen esconder las quejas de ninguneo de Carlos Bruce, Guido Lombardi o Juan Sheput.

Y para estos parlamentarios, más allá de su explicable molestia, debe resultar claro como el agua que pasar de la militancia a la intolerancia no pintará nada bueno en cuanto a su rol político del momento. Abonarán a la extremada improvisación que ya se construye en los circuitos antisistema y al “que se vayan todos” del cual no están exonerados. Que tampoco se entusiasmen demasiado con la tribuna mediática que hoy le ofrecen a su actitud rebelde. Saben bien que es flor de un día, pero la factura del mañana será muy pesada.

Por último, es necesario trascender aquí las dicotomías de lealtades y traiciones. Voltear con pragmatismo y aplomo la página del mal inicio. Agenda gobierno-pepekausismo debe reconstruirse sobre bases concretas y sensatas, que ayuden al futuro inmediato del país.


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