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Opinión


10 Junio, 2018.

El Mundial de la usura

La ilusión por nuestra clasificación ha hecho que muchos acepten términos de contrato realmente leoninos. Pasada la fiesta del fútbol la morosidad crediticia va a ser muy complicada, y el Gobierno sigue muy distraído y débil.

Comprendo la inmensa alegría que le ocasiona a los peruanos que nuestra selección de fútbol haya clasificado para el mundial, pero me preocupa inmensamente el nivel de endeudamiento de los peruanos. Se anuncia con gran pompa que los bancos y cajas proyectan prestar más de S/. 3600 millones en junio (suma que en gran parte será gastada en el exterior), y como un gran éxito el mayor consumo.

La economía se mueve porque hay confianza: Gamarra está en un pico único de producción (aunque dudo que se recaude muchos impuestos), la gente revienta sus tarjetas de crédito (y los bancos se frotan las manos porque en un mes saldrán a comprar deuda), las casas comerciales venden miles de televisores cada vez más grandes y tecnificados (con supuestas rebajas o empaquetados con electrodomésticos que no necesitamos) gracias a la fábula de que los goles del Perú se verán con una nitidez solo comparable a la de estar a 50 centímetros del gramado.

El sábado 16 de junio comienza la fiesta en los hogares peruanos: treinta días más tarde se vendrá la noche cuando haya que empezar a pagar. ¿Realmente a nadie le angustian los altísimos intereses de las tarjetas de crédito y de los préstamos personales? En letras pequeñas, casi transparentes, se acompaña la exitosa noticia con la frase “hasta 100% llegan tasas de interés para la compra de televisores a crédito en casas comerciales”.  ¿Cómo permitimos que se juegue así con las emociones de las personas? Esa tasa de interés es pura y simple usura, así el riesgo de morosidad sea alto. ¿Quién supervisa esos contratos? ¿Quién sanciona a los esclavistas del siglo XXI?

Estoy segura de que la ilusión ha hecho que muchos acepten términos leoninos. La morosidad va a ser muy complicada y el Gobierno sigue muy distraído y débil. Carlos Oliva es un financiero exhumalista que, para mi gusto, ha trabajado demasiados años para organismos internacionales (BID) y le costará mucho desviarse milímetros de ese libreto. No necesitamos al “tecnócrata” sino ministros con cintura y promotores de la inversión.

En fin: ¡por lo visto no ha habido ningún aprendizaje!

Los goles y las alegrías, desafortunadamente, no se comen. Aquellos que tomaron un préstamo con garantía de su casa o que vendieron sus automóviles para conseguir fondos y poder hacer el viaje de su vida al Mundial de Rusia lo van a pagar carísimo. Si fuéramos un país con mayores satisfacciones, no se cometerían estas locuras. Quizás estoy equivocadísima y hay gente a la que no le importará trabajar para un banco o para un usurero durante meses o años con tal de asumir una deuda impagable, pero la razón me impide aceptarlo.

Los peruanos aprendemos con sangre. Hay muy poca cultura financiera y demasiados instrumentos de crédito, cuyo manejo recae en algunos pocos expertos que siempre tienen manera de engatusarnos o vendernos alguna ilusión. Es como una gota de agua para un sediento. Hace algunas décadas, el ahorro y el endeudamiento planificado era muy sano; hoy endeudarse es tan simple como estampar una firma o hacer un clic en algún dispositivo electrónico.

Con la ausencia de Guerrero estaba preocupada. Ahora que le metió dos goles a Arabia Saudita y que la blanquirroja retumbaba en Suiza como si estuviera en el Nacional –mientras emocionados narradores, cuyo jubilo incontenible lindaba con la perturbación, gritaban que los problemas en el Perú se habían acabado porque Paolo Guerrero iba al Mundial– solo queda preguntarme: ¿tanto dinero negro hay en el Perú o es que la gente se ha endeudado hasta los dientes? ¿Acaso todos los peruanos que emigraron a Europa en la década de los ochenta estaban en el estadio suizo?

No tengo respuesta certera. Solo espero que la Selección Peruana nos dé muchas satisfacciones… y que los resultados del carísimo endeudamiento no sean tan nefastos como avizoro.


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