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Opinión

“El Marco” y “El Poder”

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Es curioso cómo se repite este libreto sórdido y universal precisamente en lugares donde se toman decisiones políticas como, por ejemplo, el de la burocracia de los parlamentos.



En Netflix existe una excelente serie de zombies coreana: la mejor que haya visto en mi vida. The Kingdom tiene la peculiaridad de entrelazar el medioevo y las intrigas por el poder imperial con el género de los muertos vivientes, de moda en el mundo. En ella, un rey es mantenido vivo mediante una pócima por el hombre fuerte del reino, un primer ministro que ha emparentado a su hija con el rey “moribundo” que debe permanecer vivo hasta que su joven esposa dé a luz un nuevo hijo –el segundo en la línea de sucesión–, pues el monarca ya tiene un heredero adulto con una esposa ya difunta.

El hecho es que el rey ha muerto desde hace bastante tiempo y ha sido convertido en zombie –oculto a ojos del mundo y alimentado por las noches con jóvenes inocentes a los que devora–, mientras su heredero mayor es acusado de conspiración y perseguido por el ambicioso primer ministro que busca poner en el trono a su nieto nonato.

La ficción, sin embargo, que parece a veces jalada de los pelos resulta un pálido reflejo de la realidad. El próximo 18 de abril están programados los comicios presidenciales en Argelia, un país clave en el Norte de África para mantener el equilibrio en la región asolada por un extremismo islámico que ha sido puesto a raya por los regímenes fuertes civiles o militares tras la desastrosa “primavera árabe” (promovida por el irresponsable Obama y Hillary Clinton, que propiciaron la caída de Gadhafi, y dejaron Libia en un caos tribal que aún no termina, además del desastre de Siria).

Quien postula a la reelección en Argelia es el octogenario presidente Abdelaziz Bouteflika, del que nadie ha oído una palabra suya desde hace seis años en que una apoplejía lo dejó incapacitado. Aunque al principio los argelinos lo veían esporádicamente el día de las elecciones en una silla de ruedas cada seis años, el hecho es que nadie sabe del presidente desde hace mucho y su presencia en las ceremonias oficiales, de gobierno y protocolares ha sido reemplazada por un retrato suyo en un marco de pan de oro. Por ello los argelinos con ironía en los labios han dado en llamar a su presidente “El Marco”, una suerte de zombie con una corte de militares, políticos y empresarios que medran del poder constitucional que le otorga el cargo que evidentemente no ejerce ni puede ejercer. Y a esa argolla también la han bautizado acertadamente como lo que en realidad es: “El Poder”. El Poder es una cofradía de funcionarios e intereses mafiosos con espíritu de cuerpo al servicio de sí mismos y que intentan mantener el statu quo a como dé lugar, fomentando desde las sombras la corrupción.

Lo curioso es cómo se repite este libreto sórdido y universal precisamente en lugares donde se toman decisiones políticas, por ejemplo, en la burocracia de los parlamentos. En mi corta estadía de casi tres años como funcionario público, he sido testigo de cómo El Poder opera en las sombras del anonimato, el papeleo, los memorandos y los “reglamentos” torcidos en su beneficio.

Como toda argolla, cenáculo, cofradía o logia, El Poder representa apenas a un 5% del inmenso y mayoritario aparato público de funcionarios honestos, pero basta con ese núcleo ubicado en puestos claves para ejercer el control en su beneficio y taparse los trapos sucios. ¿Y El Marco? En la serie coreana The Kingdom es el rey zombie; en Argelia, el veterano presidente desaparecido y silente desde hace seis años; y en los parlamentos, los inquilinos electos cada cinco años.

Mientras tanto, El Poder permanece a la espera de que un verdadero liderazgo se salga de El Marco, y ponga orden y coto a las cuchipandas. Esos tiempos parecen haber llegado por lo menos en el Congreso peruano. Ojala que así sea.

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