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Opinión


22 Enero, 2019.

El hombre de las mil verdades

No puede minimizarse el hecho de que el presidente haya omitido la verdad; más aún, si se ha arrogado la calidad de moralista y adalid de la lucha contra la corrupción. Por el respeto que debería merecerle la ciudadanía, es necesario que salga de su propio laberinto, y se pronuncie sin temor y con absoluta transparencia.

“Se sabía que había una carretera Interoceánica que era esperada por los pueblos del sur. Conirsa y Odebrecht eran dos empresas diferentes”, fueron las declaraciones de Martín Vizcarra recogidas por Perú21 el lunes 21 de enero. ¡Tiemblo de solo leerlo! Perdón, señor presidente: esas afirmaciones son inaceptables para un profesional con su trayectoria que hoy ocupa el más alto cargo de la nación.

La carretera Interoceánica fue un proyecto que, por su alto costo y supuestos beneficios que nunca se cristalizaron todos los peruanos con cierto nivel de información conocían. En 2006, el Congreso de la República creó un grupo de trabajo para el seguimiento de las carreteras Interoceánicas presidido por el parlamentario Juan Carlos Eguren, lo cual también fue de conocimiento público, y la obra fue objeto de un estudio denominado “Beneficios económicos de la carretera Interoceánica”, realizado por los profesores José Luis Bonifaz y Roberto Urrunaga y publicado por la Universidad del Pacífico en 2008.

¿Otro dato? El financiamiento de los Tramos 2 y 3 de la Carretera Interoceánica Sur se hizo a través del conocida y hoy extinta Merrill Lynch (muy impactada por la crisis del 2008) y fue merecedor de dos reconocimientos: Infraestructure Deal of the Year y Best Structured Bond Deal of the Year. A su turno, la CAF participó con un importante crédito puente utilizado para capital de trabajo. Tan orgullosos estuvieron de su participación en el proyecto que en el 2013 –aún bajo la presidencia de Enrique Iglesias–editaron  una lujosa publicación de homenaje de 178 páginas, a través de una casa editorial colombiana.

Señor presidente, ¿usted fue decano del Colegio de Ingenieros del 2008 al 2009 y luego gobernador regional de 2011 al 2014, y se expresa sobre la Interoceánica como si fuera un camino rural?¡ Inaceptable! Era el proyecto del quinquenio y de los millones de Chaflán. Además, vale recordarle que en declaraciones reproducidas por el diario Gestión el 15 de enero pasado usted indicó con mucha precisión: “La Interoceánica del Sur es una carretera de más de 1o00 kilómetros que empieza en Ilo y cruza toda la región Moquegua para luego ir a Puno, Cusco y termina en Madre de Dios, en la frontera con Brasil”. Y ahora solo dice que “se sabía que había una carretera…” ¿En qué quedamos?

Igualmente, resulta inexplicable que el presidente en su calidad de dueño y gestor de una compañía constructora no conozca con absoluta certeza la diferencia entre una empresa y un consorcio. Una empresa es una entidad jurídica con vocación de permanencia; un consorcio es un conjunto de empresas unidas con el objetivo de realizar un proyecto o emprendimiento específico, siendo la temporalidad una de sus características principales.

Vizcarra también ha confesado, recordado, “ha hecho memoria” que entre el 2006 y el 2008, su empresa emitió diecisiete facturas por servicio de alquiler de maquinarias a Conirsa. Es por lo menos razonable que el presidente conociera que Odebrecht era el socio principal del consorcio. ¡ODEBRECHT! La niña de los ojos del gobierno, de empresarios, estudios de abogados y asociaciones de caridad.

Aunque le dé el beneficio de la duda, me parece terrorífico que el hombre que ahora conduce las riendas del país no supiera quien contrataba los servicios de su empresa constructora. Por otro lado, negó su vinculación con Graña y Montero y ahí estaban los Registros Públicos para desmentirlo. Según ha dado a conocer la periodista Milagros Leiva, nuestro actual presidente tenía la calidad de apoderado del Consorcio Ilo –en el que participaba su empresa consorciada con GyM– con las más amplias facultades de representación.

Actuar en representación de una persona jurídica acarrea mucha responsabilidad, por lo que implica un mínimo de diligencia. Es imperativo conocer a los socios que lo conforman, el origen de la adjudicación, la cuantía de los negocios, la factibilidad y viabilidad de cumplimiento, la emisión de cartas fianzas, el equipo de trabajo. No es una labor sencilla, por lo que cuesta creer que el presidente la haya olvidado.

No puede minimizarse el hecho de que el presidente haya omitido la verdad; más aún, si se ha arrogado la calidad de moralista y adalid de la lucha contra la corrupción. Por el respeto que debería merecerle la ciudadanía, es necesario que salga de su propio laberinto y se pronuncie sin temor y con absoluta transparencia. Que las mil historias contadas estos últimos días se conviertan en una sola verdad.


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