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Opinión


4 Septiembre, 2018.

El holograma quedó atrás

Keiko Fujimori retoma entrevistas periodísticas pero sin diseñar mensajes de Estado.

César Campos

| Columnista

“Mi salida en redes y entrevistas obedece a una crítica constructiva sobre el rumbo y últimas decisiones del presidente Vizcarra, que creo equivocadas”, ha dicho la lideresa de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, al colega Fernando Vivas de El Comercio. Una frase que encierra dos ángulos requeridos de precisión.

Primero, que la “salida” de Keiko en cuanto a redes no resulta siendo una novedad, como sí lo es su comparecencia ante la prensa mediante entrevistas. Desde la culminación de la campaña del 2016 y luego de murmurar a regañadientes –30 días después– la aceptación de su derrota (señalando estar convencida de que en realidad fue vencida por la articulación de los poderes económico, político y mediático), ella optó por comunicarse con la ciudadanía a través de mensajes en Youtube colgados en las redes y difundidos por la prensa. Gran diferencia con la Keiko de los años posteriores al 2011, cuando muchos periodistas tuvimos ocasión de entrevistarla (yo lo hice varias veces para el diario EXPRESO) recogiendo de la manera más amplia sus puntos de vista con los cuales enjuiciaba la administración de Ollanta Humala y formulaba respuestas a los principales problemas del Perú.

Su actitud de entonces reforzaba la visualización de su liderazgo opositor junto a los mítines que iba realizando en los pueblos del interior del país. Pero después del 2016 la señora Fujimori creyó estar en un escenario donde prescindir del escrutinio periodístico directo, cara a cara, le acarrearía más ventajas que perjuicios. Un craso error para quien comandaba el grupo parlamentario dominante del cual la mayoría ciudadana esperó líneas propositivas rotundas en vez de la imagen de arrogancia y obstrucción. Cierta o no a los ojos del fujimorismo radical y fanático, esa imagen se fue consolidando bajo la presunción de que la lideresa impulsaba las piedras en el camino al débil gobierno de Pedro Pablo Kuczynski.

Fue un sector de la prensa la que sumó pruebas contra Kuczynski por su pasada actuación en el gobierno de Alejandro Toledo en provecho de los intereses de Odebrecht, a través de su sociedad con Gerardo Sepúlveda. Pruebas que determinaron su renuncia a la presidencia y el reacomodo del tablero político. Pese a ello, Keiko continuó en su condición de holograma hablando desde el Olimpo creado a su gusto por Ana Vega y Pier Figari.

Las últimas semanas, Keiko ha cambiado de estrategia. Fue bueno observarla primero con Beto Ortiz y luego con Enrique Castillo (excelente entrevista en la que se vio compelida a confirmar sus reuniones privadas con Martín Vizcarra), RPP y El Comercio. Ojalá mantenga esa línea y no le corra al sano ejercicio de contestar preguntas.

Lo segundo es la supuesta razón de “crítica constructiva” que la empuja a salir a los medios. No es tan cierto. Keiko no demuestra hasta la fecha capacidad para diseñar mensajes de Estado solventes y propositivos. Por lo general su bandera es la objeción y no la sugerencia. Carece de una lectura sobre lo que debe decir puntualmente, excediendo el fácil camino de oponerse a todo.
En la entrevista a El Comercio, por ejemplo, asegura que su bancada elabora propuestas para llevar adelante “un referéndum bien hecho”. Mínimo le podríamos solicitar a Keiko que nos diga cómo entiende ese mecanismo de consulta popular “bien hecho”.

Por lo pronto, solo celebremos el ánimo de Keiko para someterse a la esgrima periodística de las entrevistas. El holograma quedó atrás.


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