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Opinión


17 Septiembre, 2014.

El Grinch de la Fiscalía

Treinta y siete menores de edad acaban de ser devueltos a sus verdugos.

Patricia del Río

| Columnista

En nuestro país, el 80% de las víctimas de trata de personas está compuesto por menores de edad. De acuerdo con las cifras que maneja el Ministerio de Justicia y DDHH, las regiones donde más niños son explotados y esclavizados son Lima, Madre de Dios y Cusco. Algunos, como empleados domésticos; otros, vulnerados sexualmente; sin olvidar a los que trabajan en minas o en condiciones durísimas en el campo.

Esta semana, en Madre de Dios, treinta y siete menores de edad fueron entregados nuevamente a manos de sus verdugos gracias a la insólita decisión del fiscal de Iberia, Julio Peña. Con esta medida, no solo ha dejado desprotegidos a estos niños –quienes llegaron desnutridos y con claros signos de violencia- sino que ha desbaratado una importante labor de rescate desplegada por la policía para liberarlos de una comunidad evangélica que los sometía y los sigue sometiendo.

Desde el 2006 hasta la fecha, se han detectado más de ochocientos casos de trata de personas que involucran menores de edad. Solo veinticuatro han recibido sentencia condenatoria del Poder Judicial.  

Y gracias a fiscales como Peña, hay que decirlo, la cifra seguirá aumentando: miles de niños y niñas tendrán que trabajar para otros, ofrecerles sus cuerpos a otros, humillarse frente a otros sin que nadie escuche sus gritos. 

Sin que haya alguien dispuesto a rescatarlos.