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Opinión


10 Julio, 2018.

El gobierno y su desgaste express

Gobernar el Perú debe ser una de las tareas más complejas a las que se ha enfrentado el hombre; por lo mismo esta gestión debería escoger sus peleas y no distraerse.

“Algo huele a podrido en el Estado de Dinamarca” es la célebre frase de Hamlet, la genial obra de William Shakespeare con la que quiso ilustrar la absoluta decadencia moral en la que estaba sumida la sociedad danesa de esa época. Han pasado varios siglos y la expresión reafirma su carácter absolutamente atemporal.  Mutatis mutandis perfectamente aplicable hoy a demasiados países con democracias de cartón, totalmente manipuladas: sociedades divididas y enfrentadas como la nuestra, donde impera a desilusión y la desconfianza.

Somos un país asqueado por sus gobernantes. El hedor vino para quedarse; se encuentra férreamente instalado en todas las esquinas de nuestro país, con el agravante de que el tiempo lo ha impregnado en el ADN de sus (codiciosos) dirigentes. En otras palabras, nada lo ha detenido. Estamos en el reino de la podredumbre.

Hace unos días se publicó en Gestión una encuesta de Datum Internacional que refleja el absoluto hartazgo de los peruanos por toda nuestra clase política, sin excepciones. Hasta los mudos han sido afectados. Si hacemos memoria, durante este Gobierno los sondeos solo se han dedicado a medir la desaprobación… porque la aprobación es diminuta, casi irrelevante. Siempre se ha cuestionado que algunas encuestadoras pueden ser algo sesgadas, que contemplan con mayor cariño e inclinan la balanza hacia determinado candidato o político que sabemos no tiene los méritos para un sorpresivo crecimiento de popularidad, pero a la que nos referimos en concreto –realizada entre el 19 de junio y el 2 de julio sobre la base de 1200 muestras efectivas– no tutela a nadie. Simplemente ilustra el hartazgo de una ciudadanía golpeada, defraudada, hasta cansada de albergar esperanza.

De otra manera resulta inexplicable que el ministro de Economía Carlos Oliva, con menos de un mes de en el cargo, haya resultado con la aprobación más baja del Gabinete. Si no lo conoce ni un alma; muy pocos deben recordar que fue viceministro de Hacienda en la época de Humala.

La desaprobación es la forma como la gente manifiesta su protesta; es la marcha imaginaria porque las palabras y buenas intenciones se las lleva el viento. Las cifras macroeconómicas no le dan de comer a los sectores D y E, esos que mueren de frío o cuyos hijos tienen anemia desde que abrieron los ojos al mundo; tampoco da trabajo a los aspiracionales y a esos miles de jóvenes sonrientes con cartón en mano que patean calles sin suerte. Casi da lo mismo por quien se pregunte: todos salen merecidamente jalados.

¿Y cómo van a lograr el respaldo de la población con tanta ineptitud? Imperdonable que la inversión pública haya caído 26% en junio; el MTC es el ministerio que recibe mayores recursos públicos para inversión y falla. Pareciera que el ministro Edmer Trujillo está ocupado rehaciendo con sus allegados los cuadros del MTC,  en lugar de priorizar la infraestructura o de jalarle las orejas a la Red Dorsal Nacional por la lentitud de su avance.

Algo de aprobación tienen. Siempre están aquellos peruanos conformistas y resignados o los optimistas que ven el vaso medio lleno en cualquier circunstancia: Dios los bendiga y los cuide para que el rechazo al Gobierno no se convierta en una sola voz, “una sola fuerza”. Sé que es muy fácil criticar desde la tribuna y que gobernar el Perú debe ser una de las tareas más complejas a las que se ha enfrentado el hombre; por lo mismo esta gestión debería escoger sus peleas y no distraerse.

El Gobierno debería volcar todo su esfuerzo a hacer cuatro o cinco cosas pero bien; es increíble que le dediquen un solo segundo a la defensa de la publicidad estatal o a las mil idas y venidas sobre cambios en el Gabinete este 28 de julio. Ojalá asuman que la P de Perú también es la P de priorizar, verbo que parece haber caído en el olvido.


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