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Opinión


28 Septiembre, 2017.

El Frontón: otra vez, el mundo al revés

Ha pasado lo que ya es una constante en nuestra historia: los que nos defendieron del terrorismo y pusieron el pecho por todos los peruanos pasaron a ser los malos de la película; y los terroristas, las víctimas.

En la madrugada del 18 de junio de 1986, Sendero Luminoso en un plan concertado y simultáneo se apoderó del control de los penales San Juan Bautista (Isla El Frontón), Miguel Castro Castro (Canto Grande) y Santa Mónica (Chorrillos), tomando como rehenes a agentes penitenciarios y a efectivos de la Guardia Republicana y quitándoles sus armas.

En El Frontón, los senderistas se atrincheraron con el impresionante arsenal de guerra capturado, desafiando al entonces primer gobierno de Alan García y al país entero. En esos días se desarrollaba en Lima la conferencia de la Internacional Socialista y SL no tuvo mejor idea que llamar la atención con esta impactante asonada.

Para ubicarse en aquellos tiempos, dos años antes —en marzo de 1984— había ocurrido un sangriento motín en el Penal El Sexto, donde un contingente de peligrosos presos comunes tomaron por asalto la hoy desaparecida penitenciaria y como rehenes, entre otros, al dirigente senderista Antonio Díaz Martínez y al narcotraficante Guillermo Cárdenas Dávila, Mosca Loca. Fueron dos de los cabecillas, Pilatos y Lalo Marcenaro, quienes ante una estupefacta y horrorizada audiencia televisiva masacraron a mansalva a varios empleados penitenciarios que también habían sido capturados de rehenes. Luego de varias horas de angustiantes y espeluznantes escenas sacadas de una película de terror, el gobierno de Fernando Belaunde autorizó el ingreso de la entonces Guardia Republicana para debelar el motín. Un comando de élite de esta fuerza policial entró a sangre y fuego y restableció el orden con el terrible desenlace de 22 muertos y 40 heridos, entre ellos todos los cabecillas. “Mosca Loca” fue ejecutado por los mismos presos y Díaz resultó ileso.

Con ese antecedente, la misma Republicana —a cargo de los penales en ese entonces— debía actuar en el Frontón. ¿Qué hizo el gobierno de García? Ojo, ubiquémonos hace 31 años: primero intentó negociar infructuosamente con los terroristas; luego, bajo el amparo de la legislación existente que declaraba zona militar las prisiones, determinó que la Marina de Guerra (que luchaba contra el terrorismo) debía ser la que interviniera para retomar el control del penal. Así, luego de dos días de encarnizado combate, el 19 de junio de 1986 los valerosos infantes de marina hicieron uso legítimo de la fuerza contra estos radicales terroristas armados hasta los dientes, pudieron sofocar el motín y controlar la situación con el también sangriento desenlace de 133 muertos (incluidos tres valerosos marinos) y números heridos.

¿Qué pasó después? Lo que ya es una constante en nuestra historia: los que nos defendieron del terrorismo y pusieron el pecho por todos los peruanos pasaron a ser los malos de la película; y los terroristas, las víctimas. Después de que la causa contra los marinos fuera sobreseída y hasta declarada prescrita, treinta y un años después, gracias a los inverosímiles vericuetos de nuestro inefable sistema judicial, se sigue persiguiendo a los marinos y militares que tuvieron la desdicha de combatir a Sendero Luminoso y al MRTA.

Mientras tanto, los principales integrantes de estas bandas criminales siguen saliendo de las cárceles para rehacer sus vidas y otros, inclusive, hasta han cobrado jugosas indemnizaciones al Estado gestionadas por algunas ONG y ordenadas por la justicia supranacional. Ni más ni menos que el mundo al revés.


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