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Opinión


19 Diciembre, 2017.

El final de una gran esperanza

Fundamentos para la vacancia sobran: PPK no fue transparente al inicio de su gobierno (corrupción de Odebrecht se conocía desde, por lo menos, el 2014), ha mentido reiteradamente, ha soltado verdades a cuentagotas y a conveniencia, se ha negado en múltiples ocasiones a recibir a la Comisión Lava Jato y contra la pared aceptó convocarla para el 22.

Lo de ayer fue una entrevista que más parecía un interrogatorio, a pesar de tratarse de periodistas objetivos y naturalmente afines, que consolidó la imprensión de que hay una verdad que todavía no sale a luz y que las explicaciones, cuando fangosas, no hacen más que confundir y evidenciar que se está mintiendo. Una persona con esa extensa trayectoria en el mundo de los negocios financieros y de bancos de inversión, que tuvo que hacerse camino a codazos y zancadillas en la compleja y desafiante rat race profesional en los Estados Unidos, que ha asumido la presidencia de bancos de primera línea y ocupado codiciados asientos de directorio, tiene que ser muy astuto y saber capitalizar todas las oportunidades que se le presentan.

Por ello, si algo no es PPK es ingenuo, aunque vaya por la vida con su carita de gringo simplón y sonriente, haciendo gala de su “humor inglés”. Bien dice ese famoso dicho español: “Líbrame de las aguas mansas que de las bravas me libro yo”.

Resulta imposible pensar que era absolutamente negligente e irresponsable o que desconocía la ruta del dinero que engrosaba su cuenta todos los meses y por la que se vio obligado a pagar impuestos. ¿Acaso nunca se sentó con su contador a hacer un estado de cuenta corriente para determinar gastos, pérdidas y montos deducibles que si son permitidos en los Estados Unidos? ¿Tan poco respeto tiene por la inteligencia de los peruanos que espera que creamos estas versiones de fantasía?

Como bien recordó Francisco Tudela en el programa Rey con Barba del último domingo, los accionistas por mandato de la leyvdeben reunirse por lo menos una vez al año en una junta general para enterarse de los asuntos mas relevantes de la sociedad. Ni siquiera tiene que ser presencial: basta una llamada por teléfono o utilizar Facetime.

PPK invitó a Gerardo Sepúlveda a su juramentación como presidente de la república el 28 de julio de 2016, conjuntamente con su círculo familiar más íntimo, y ahora es incapaz de aceptar que es su amigo o de reconocer que sí conversaba con él sobre los negocios de Westfield. ¿Alguien podría creer en la eficacia de un  Chinese wall bajo estas circunstancia?

Cierta prensa se esta ocupando de generar confusión en la opinión pública, al pretender creer que esta es una revancha del fujimorismo y que se está sacando conclusiones anticipadas sobre la culpabilidad del presidente sin haberle dado la oportunidad de defenderse. Nada más lejos de la verdad. Recordemos que no se trata de un proceso penal ni de una pugna de poderes: es un juicio político en al ámbito constitucional, sobre la incapacidad moral permanente del presidente. Se trata de un cuestionamiento a las calidades de la persona que conduce los destinos de nuestro país.

No se trata de una vacancia express, pues fundamentos sobran. PPK no fue transparente al inicio de su gobierno (la corrupción de Odebrecht se conocía desde, por lo menos, el 2014), ha mentido en reiteradas oportunidades, ha soltado ciertas verdades a cuentagotas y a conveniencia, se ha negado en múltiples ocasiones a recibir a la Comisión Lava Jato y recién, contra la pared, aceptó convocarla para el viernes 22 de diciembre, fecha en la que quizás no será ya más presidente.

Muy lamentable final para una gran esperanza, que tuvo la leche de salir elegido hasta con los votos del Frente Amplio. ¡Cosas veredes! La perplejidad de este nefasto final no se disipará fácilmente.


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