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Opinión


22 Enero, 2018.

El fantasma

Hay cientos de personajes notables e informados en materia económica a quienes recurrir. Más aún cuando se enjuician cifras del actual gobierno. Pero el señor Alonso Segura, en verdad, merece el sueño de la criptas, los silencios de la fosa pública, el sepulcro del olvido.

César Campos

| Columnista

Es célebre la ironía de Carlos Marx y Federico Engels al iniciar el Manifiesto Comunista señalando que un fantasma recorría Europa: el del comunismo. Añadieron que ese fantasma era acosado por el papa, el Zar, el primer ministro austriaco Klemens von Metternich, el jefe de gobierno francés Francoise Guizot. Es decir, los grandes líderes de la época.

Marx y Engels evidenciaban el vigor de tal fantasma mediante la atención que le prestaban quienes daban la apariencia de ignorarlo.

En el Perú de hoy ocurre un fenómeno inverso: los verdaderos fantasmas, aquellos a los que ni siquiera tenemos en las rendijas de nuestra memoria por sus sonoros fracasos en la gestión pública, ejercitan el arte de hacerse notar. Claman un sitio en el debate nacional creyéndose superiores a quienes los sucedieron y elevan la voz como si su biografía administrativa estuviera colmada de honores visibles o éxitos irrebatibles. Nadie los invoca, pero conocen la habilidad de las pulgas en la oreja para picar el tímpano. Son los fantasmas del humalismo.

Y el más notorio de ellos es sin duda Alonso Segura, el Gasparín de Nadine Heredia, el atolondrado exgerente de Estudios Económicos y Estrategia de Inversiones del BCP que —al conjuro de una mimetización palaciega en los tiempos que se subordinaba a Luis Miguel Castilla— llegó a dirigir el Ministerio de Economía y Finanzas de nuestro país durante el periodo 2014-2016.

Le cabe a Segura la medalla de lata por la primera gran caída del crecimiento económico después de una década de incremento sostenido (2,35 % el 2014), la mala proyección del déficit fiscal, caída de la recaudación (presión tributaria 2013: 16,7 % / 2014: 16,6 % / 2015: 14,7 % / 2016; 13,6 %) luego de reducir el impuesto a la renta de 30 a 28 % a las grandes empresas en un “paquete reactivador”, caída de la demanda interna, las inversiones pública y privada, y las exportaciones. Además compromisos de pagos (sobre todo por adquisiciones de pertrecho militar, denunciadas en el diario El Comercio por la colega Cecilia Valenzuela) que legó al gobierno de Pedro Pablo Kuczynski y que no se terminan de esclarecer. Y un etcétera considerable.

Hay cientos de personajes notables e informados en la materia económica a quienes recurrir y escuchar. Más aún cuando se enjuician las cifras del actual gobierno que ya lleva año y medio de gestión, por lo cual debe rendir cuentas.

Sin embargo, concedámosle al ministro Bruno Giuffra el derecho a un crítico solvente, capaz y reconocido más allá de la administración a la que haya servido o los baches que haya superado. Apuesto por Castilla, Luis Carranza, Luis Valdivieso, Fernando Zavala. Pero el señor Alonso Segura, en verdad, merece el sueño de la criptas, los silencios de la fosa pública, el sepulcro del olvido. Polemizar con fantasmas (sobre todo con los que alharaquean para sentirse vivos) evapora las certezas sobre el mejor destino del país.


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