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Opinión


19 Octubre, 2018.

El diputado Miguel Grau: algunas intervenciones

Las reflexiones de nuestro héroe sobre los importantes asuntos que se debatían en el Congreso no eran superficiales ni atolondradas. De hecho se complementaban con su sincera voluntad de servicio, demostrada en su humildad y valentía de reconocer frente a sus compañeros parlamentarios no estar familiarizado con los usos y formas del fuero.  

Michel Laguerre Kleimann

| Columnista invitado

El diputado Grau demostró que sus reflexiones sobre los importantes asuntos que se debatían en el Congreso no eran superficiales ni atolondradas. De hecho, se complementaban con su sincera voluntad de servicio, demostrada en su humildad y valentía de reconocer frente a sus compañeros parlamentarios el hecho de no estar familiarizado con los usos y formas del fuero.

Por ejemplo, según las transcripciones de la sesión del 31 de agosto de 1876, en el debate sobre el dictamen de la Comisión de Constitución, relativo a diversos proyectos de reforma, y específicamente sobre los empleos de propiedad, Grau tuvo las siguientes intervenciones:

  • Excmo. Señor: Desde que algunos representantes han manifestado la importancia de este asunto, yo opinaría porque se pasara a la nueva Comisión de Constitución, pues por muy competentes que sean, como en efecto lo son, los señores que han suscrito ese dictamen, quizás la nueva comisión, emita otro más extenso, y se nos dará así más tiempo para reflexionar y apreciar con más madurez el grave asunto que se debate.
  • No estando al corriente de los usos parlamentarios, quizás ha sido inusitado mi pedido. Modificándolo, ahora desearía que se aplazase la discusión de este asunto hasta mañana.
  • He pedido el aplazamiento de todo el proyecto. S.E. el Presidente consultó el aplazamiento en los términos indicados y la Cámara resolvió afirmativamente por 58 votos contra 20.

Como vemos, su propuesta de reflexionar sobre la materia en cuestión nos presenta a un hombre con criterio y afanes de seria reflexión. Esta fue aprobada.  Más adelante, durante los debates de los días 16, 19 y 28 de diciembre de 1876 sobre el proyecto de reparación de las lagunas situadas en las alturas de los valles de Nepeña, Casma y Huarmey, el diputado Grau tuvo la firmeza de principios de oponerse a la aprobación de la ley que disponía dicha reparación debido a que no se sabía el presupuesto que aquella exigiría. Esto evidencia el celo y compromiso con el presupuesto del Estado buscando que sea bien invertido en proyectos serios y estructurados que significasen un provecho para la población, dejando muy en claro que no se oponía a la idea –positiva en sí– sino a lo ambiguo y poco elaborado del proyecto presentado. Citaré algunos extractos de sus intervenciones:

  • “Cuando me permití presentar esta reconsideración, no fue con el espíritu de hacer oposición a esta obra que se pretende construir por el honorable señor Terry, sino pura y simplemente porque vi que el pensamiento era más lato de lo que el proyecto a primera vista aparece […] y aunque la obra es de utilidad común, el fisco no está en estado de hacer sacrificios de esta naturaleza, porque una vez ordenada la obra no se sabe a cuánto ascendería el presupuesto”.

Su intervención tuvo efecto positivo sobre el proyecto, puesto que en la sesión del 29 de diciembre sostuvo sobre el mismo:

  • “Para satisfacer al Honorable Terry, le diré que ahora, tal como está modificado su proyecto, está bien. Si así lo hubiera hecho desde la primera vez, por mi parte no le habría encontrado inconveniente”.

Otra de sus intervenciones lo presentan enérgico y hasta retador ante las propuestas que afectaban la materia que él dominaba: la Armada del Perú. Por ejemplo, ante una iniciativa de suprimir las partidas de los tres carpinteros que trabajaban en el arsenal naval, Grau expresó, en la sesión del 14 de diciembre de 1878, lo siguiente:

  • “Yo solo tengo que decir que esta supresión no me parece aceptable porque, francamente, el arsenal es el lugar donde se llevan a cabo todos los trabajos de carpintería. Esos operarios son indispensables, y si la comisión ha creído que deben suprimirse, no tengo otra cosa que decir sino que valiera más suprimir el arsenal”.

Eran tiempos cercanos al inicio de nuestra desgracia. Las participaciones de Grau durante las sesiones de los meses de enero y febrero de 1879 son defensas fuertes a las propuestas de reducir el número de artilleros, maquinistas y otras especialidades dentro de la Armada. En este contexto de tensión internacional y antes que la guerra nos fuese declarada, la Cámara de Diputados dio cuenta en la sesión del 28 de abril de 1879 el oficio presentado por el diputado Grau: “Del honorable señor Grau, manifestando que no le es posible asistir a las sesiones, por ser necesaria su presencia al frente de la nave que ocupa, y que le ha confiado el Supremo Gobierno”.

El congresista que inició sus funciones en agosto de 1876 –y que debió terminarlas en 1880– dio un paso al costado y siguió sirviendo al país desde un frente directo y peligroso, alejado de sus amigos y familiares; pero que era donde la patria le exigía. A los pocos meses encontró la gloria, y el Perú a su paradigma.


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