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Opinión


3 Febrero, 2015.

El diálogo platónico

Todos los que quieren sentarse a conversar con las fuerzas políticas salen trasquilados.

Renato Cisneros

| Columnista

Al expremier Juan Jiménez le sirvió de muy poquito convocar al diálogo en setiembre de 2013. Un mes más tarde, dejó la PCM y le entregó la posta a César Villanueva, para quien tampoco fue rendidor insistir con el asunto del diálogo: ahí nomás le tocó irse, en los carnavales del 2014. 

Pareciera, pues, que el ánimo de concertación paga mal en el Ejecutivo. Todos los que quieren sentarse a conversar con las fuerzas políticas salen trasquilados. ¿Será ese el destino inminente de la actual premier, Ana Jara? El verdadero problema de los primeros ministros de este gobierno no ha estado de las rejas de Palacio hacia fuera sino hacia adentro. El primer diálogo sincero y abierto tendría que darse entre la premier y la pareja presidencial. 

En casi cuatro años de mandato, Humala y Heredia no han permitido que sus premieres (Lerner, Valdés, Jiménez, Cornejo, Villanueva) manejen las crisis con autonomía y, al pretender dictarles el libreto, provocaron varias renuncias. La impresión que uno tiene hoy es que Ana Jara es leal a Palacio pero Palacio no está siendo muy leal con Jara. La han dejado sola con este pedido. No le han hecho ni un retuit, para usar una expresión afín a los pasatiempos palaciegos. 

Quizá la solución pase por definir primero qué entiende cada uno por “lealtad”, palabra cuyo significado el nacionalismo no conoce —a juzgar por los maltratos y fragmentaciones internas— o ha reinventado sin avisar. 


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