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Opinión


15 Abril, 2018.

El Cristo lo fulminó

Si Walter Albán quiso desaparecer por arte de magia a alguien debió ser a él mismo; aunque, como reza el lema de su campaña, "la corrupción no desaparece por arte de magia", señor exministro y exembajador de Ollanta y Nadine Heredia.  

Hay gente que tiene la cara más dura que el titanio. Walter Albán es uno de ellos. Fue ministro del Interior de Ollanta Humala pero, como ya sabemos que este no hacía nada sin la luz verde de Nadine Heredia, podríamos decir con certeza que allí lo puso Nadine Heredia. Luego fue nombrado con el mismo modus operandi nada menos que embajador en la OEA para, entre otras cosas, ser funcional a los intereses de la pareja que hoy está tras las rejas (como su amigo el exministro de Justicia y también exembajador en España Francisco Eguiguren, hoy presidente de la CIDH, así como de Eloy Espinosa –el doctor bamba del “sobre cerrado”–, miembro del Tribunal Constitucional que está por resolver el hábeas corpus presentado por H&H) .

No olvidemos que si bien es cierto que Humala y Heredia cumplen prisión preventiva por riesgo de fuga –sobre la que podemos o no estar de acuerdo (yo personalmente no estoy de acuerdo con esa prisión sin acusación fiscal)–, el fondo del asunto es que se les imputa haber recibido tres millones de dólares de la corrupta empresa Odebrecht para financiar sus campañas electorales por orden de Lula (otro que también está preso en Brasil por corrupción). Eso, además del caso Madre Mía en que los mismos “defensores” de los derechos humanos admiten haber votado por Humala contra Keiko Fujimori a sabiendas del convencimiento que tenían de que él era el “capitán Carlos”, acusado de comprar testimonios para evadir responsabilidades por violación de –qué paradoja– ¡derechos humanos!

Nada de esto último inmutó al también exdefensor del pueblo, Walter Albán, cuando aceptó las dignidades de ministro y embajador de un gobierno cuyas dos cabezas están hoy hasta el cuello involucrados con corrupción. Pero ahí tenemos ahora al mismo Walter Albán nada menos que como presidente de Proética, una ONG que pretende dar lecciones de moral y buenas costumbres en la vida pública al amparo de la prensa. Bueno: entre esas lecciones, a Walter Albán se le ocurrió avalar una campaña publicitaria en Twitter contra la corrupción y cuyo principal protagonista era el Cristo del Pacífico, un monumento donado por Odebrecht en el gobierno de Alan García. La “idea” fue, con un abracadabra, desaparecer al Cristo con el lema: “La corrupción no desaparece por arte de magia”.

Más allá de la empresa que lo donó, involucrar la imagen de Cristo con la corrupción –viniendo de Walter Albán con el currículum político que tiene– es un desparpajo con pocos precedentes en la vida pública de la nación. En primer término, porque hiere profundamente los sentimientos religiosos de la mayoría de peruanos –entre los que NO me encuentro– que tienen fe en Cristo. En segundo lugar, porque Cristo es la imagen más opuesta a la corrupción que pueda existir en la historia de la cultura occidental y, finalmente, porque Walter Albán es profesor ordinario-principal y exdecano de una universidad pontificia y católica, nada menos.

Este fin de semana, mientras pretendía cerrar con “broche de oro” su campaña publicitaria sirviéndose de un “espectáculo de magia” frente al Cristo del Pacífico en el Morro Solar de Chorrillos, un grupo de personas irrumpieron para protestar boicoteando el despropósito de Albán y Proética. No les falta razón. Si Walter Albán quizo desaparecer por arte de magia a alguien debió ser a él mismo; aunque, como reza el lema de su campaña, “la corrupción no desaparece por arte de magia”, señor Albán. Muchos podrían pensar que usted es la mejor prueba de ello.


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