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Opinión


15 Noviembre, 2017.

El Comercio pide que le tengan fe

Los políticos y candidatos pueden pedir fe a sus seguidores pero... ¿desde cuándo el decano se convirtió en político y candidato?

Varios amigos y colegas y enemigos me preguntan por qué no me he pronunciado por escrito o verbalmente sobre las declaraciones de Marcelo Odebrecht en Curitiba que han dado pie a una guerra declarada entre Keiko Fujimori y El Comercio. Y mi respuesta es muy simple: como periodista no me puedo pronunciar ni construir una opinión sobre especulaciones, rumores, trascendidos o versiones de parte.

Al periodista le toca pronunciarse sobre los hechos y sobre nada más. La señora Fujimori ha dado su versión de parte, así como el secretario general del partido Fuerza Popular. Sus dos abogados presentes en la diligencia fueron testigos y actores del interrogatorio y su reputación no está en tela de juicio. Pero su versión es la que corresponde a la de un abogado y debe corroborarse, tal como lo ha solicitado la misma señora Fujimori al solicitar el levantamiento de la reserva procesal.

El de El Comercio es un caso para reflexionar. El Decano afirma una serie de hechos con base a una fuente reservada. Si el diario tuviese una reputación impecable e hiciera honor a su divisa de “independencia y veracidad” no tendría la crisis de credibilidad que han sufrido sus afirmaciones de portada a tal punto que un amplio sector de la opinión pública le exige, para creerle, información sobre la idoneidad de su fuente. Como el diario está en todo su derecho de no revelarla —y por lo tanto no sabemos si tal fuente es creíble o no sino por lo que nos dice El Comercio—, lo afirmado por el diario está en tela de juicio: una galantería en realidad para significar que muchos ya no le creen nada o muy poco.

Y ese es el punto. ¿Por qué un diario que antes era considerado por la sociedad peruana como un referente de seriedad hoy ha perdido ese capital? ¿El hecho de haberse convertido en el abanderado de un “anti” tendrá algo que ver con esa crisis de credibilidad? ¿Es una simple anécdota que sus ganancias y/o utilidades se hayan desplomado en 80% en lo que va del año, según informa Semana Económica? ¿Se debe esto último a la crisis mundial del papel periódico o a que los lectores que tradicionalmente compraban y consumían las noticias del Decano ya no se sienten identificados con su línea periodística? ¿Por qué le creen más a Hildebrandt que a Berckemeyer (y a los expectorados Pasquel, Calderón y compañía)?

El Comercio se ha sumado al pedido de la señora Fujimori para que se levante el pacto de reserva sobre las declaraciones de Marcelo Odebrecht en Curitiba. Mientras, pide un “voto de confianza” para que el público crea en sus afirmaciones (“Nosotros, por nuestra parte, no tenemos más poder que el que, día a día, deciden prestarnos nuestros lectores. Y por lo que les debemos a ellos, no nos dejamos amedrentar por políticos amenazantes”). Qué triste que un gran diario pida la fe de sus lectores en vez de darle hechos ciertos y verificables. Después de todo, los candidatos pueden pedir fe a sus seguidores pero… ¿desde cuándo El Comercio se convirtió en candidato?


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