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Opinión


31 Agosto, 2017.

El combate de Antofagasta y la caída de Carlos de los Heros

"Usted ha llorado sin dejar de ser valiente; yo he llorado y lloraré sin dejar de ser patriota". Juan Pablo de los Heros a Miguel Grau

Michel Laguerre Kleimann

| Columnista invitado

El Archivo Histórico de Marina guarda importantísimos documentos que permiten estudiar y profundizar parte de la historia naval del Perú. En ese sentido, el esfuerzo diario de confeccionar catálogos que permitan al público conocer su acervo adquiere una dimensión muy patriota y necesaria.

La reciente creación del registro de la sección de Colecciones Privadas del Archivo Histórico de Marina (Grau, Pardo, Ferreyros, Retes, Sotomayor, Tucker, García y García, de los Heros), con su respectiva transcripción, es digna de encomiar y estimular. Por ejemplo, el pasado 28 de agosto recordamos 138 años del combate naval de Antofagasta y podemos conocer de primera mano las tristes impresiones que resultó la muerte del teniente segundo Carlos de los Heros Aguilar, de 27 años de edad-.

De hecho, Francisco Retes, sargento primero de la guarnición Batallón Ayacucho embarcado en el monitor Huáscar, nos legó su fortísimo dolor y furia por la pérdida del “hermano”. En carta a su madre del 1 de setiembre de 1879 (folios 10- 12) escribió: “Querida mamá, una gloria más alcanzada en el puerto de Antofagasta nos ha arrebatado la preciosa existencia de nuestro querido Carlos. Ya no tengo lágrimas para llevar tan sensible pérdida […] El comandante [Grau] ha llorado como un muchacho. La oficialidad toda […] lo querían como a un hermano, pues por su carácter y buen corazón era la idolatría de todos. La marinería ha llorado mucho su muerte y se proponen hacer una manifestación que haga saber el alto aprecio que por él tenían […] Al saber en Iquique el general Buendía la fatal noticia, casi se cae al suelo […]”.

Del mismo modo, Juan Pablo de los Heros, padre de Carlos, escribió una carta a Miguel Grau (folios 1-3) cuya parte medular sostiene: “[…] Porque yo no había comprendido, entonces que usted llenaba mis obligaciones, haciendo palpable durante mi ausencia aquella sabiduría con que la naturaleza sabe suplir los vínculos de la sangre con los de la verdadera amistad […] Usted ha llorado sin dejar de ser valiente, yo he llorado y lloraré sin dejar de ser patriota […]”.

La desgracia de la guerra, el dolor sin consuelo, la pérdida eterna del ser amado, la impotencia ante el hecho consumado son algunas de las emociones indelebles que los archivos custodian y transmiten más allá del papel.