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Opinión


13 Agosto, 2018.

El club de los ángeles caídos

Audios: resulta tristemente decepcionante comprobar que quienes fueron ejemplos de profesionalismo y honestidad en el deporte y en la administración de justicia no son más que figuras de barro que se derriten al menor escrutinio.

Germán Jiménez Borra

| Columnista invitado

En el 2006, durante uno de los varios procesos penales en su contra, Vladimiro Montesinos Torres confesó que había entregado 30 mil dólares a Héctor Chumpitaz para que en 1998 postulará como regidor en la lista de la agrupación “Vamos Vecino”. Ante esta confesión, el llamado “capitán de América” solo atinó a decir que aceptó el ofrecimiento de “buena voluntad”, pero que nunca pensó que era dinero del Estado ni se preocupó en preguntar el origen del mismo.

Finalmente, Chumpitaz fue sentenciado a cuatro años de prisión suspendida como cómplice del delito de peculado.

Hace pocos días Teófilo Cubillas, otro “crack” del fútbol peruano, hizo noticia al aparecer en un audio solicitando al tristemente célebre juez supremo Hinostroza favores para su amigo, el hoy prófugo exalcalde de San Juan de Lurigancho Carlos Burgos, quien ha sido condenado a dieciséis años de prisión por enriquecimiento ilícito y lavado de dinero.

Esta semana, el intocable e idolatrado magistrado por cierta prensa César San Martín (CSM) fue puesto al descubierto en un nuevo audio en el que le pide a Walter Ríos –expresidente de la Corte Superior del Callao y actualmente con 36 meses de prisión preventiva– presionar a una jueza de Familia para que dé celeridad al expediente de interdicción en el que estaba involucrada su hermana y que, según las propias palabras de CSM, “son cojudeces”.

Hace pocas horas se ha revelado que el saliente fiscal de la nación, Pablo Sánchez, y otros connotados magistrados usaron sus influencias para colocar a sus familiares en nada menos que el Jurado Nacional de Elecciones, bonita manera de garantizar nuestra democracia. Pero es curioso como quienes se indignan con Hinostroza, Sánchez, Ríos, Chávarry y demás joyitas procuran mirar de costado cuando se toca a CSM. ¿Sabían que CSM fue quien nombró a Hinostroza como vocal supremo?

Se ha confirmado una vez más que los actos de corrupción –entre los que se encuentra el tráfico de influencias– no están patentados por la izquierda ni por la derecha. Nunca antes se había desnudado la podredumbre del Poder Judicial en su total dimensión como ahora y, por lo mismo, no caben medias tintas: se sanciona a todos o no se sanciona a nadie.

Resulta tristemente decepcionante comprobar que quienes fueron ejemplos de profesionalismo y honestidad en el deporte y en la administración de justicia no son más que figuras de barro que se derriten al menor escrutinio. A ellos se les recordará por ser parte de un grupo funesto: el club de los ángeles caídos.


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