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Opinión


16 Mayo, 2018.

El caso Paolo

Como será la gravedad del asunto que, emocionalmente, para la mayoría de los peruanos la salida de Guerrero impacta más que la de PPK. Así es el Perú: un país de afectos, esperanzas y desilusiones.

Un jugador de fútbol sabe lo que ingiere. Y lo sabe porque ha sido educado para eso: porque de eso en parte depende su trabajo, porque conoce las reglas del juego fuera de la cancha. Por lo mismo es de suponer que se debe estar cuidando en el día a día y que es básicamente prudente en ese aspecto.

Todavía más si está jugando las clasificatorias. Más aún si es el capitán. Y con mayor razón todavía si de eso dependen millonarios contratos deportivos y de publicidad.

Por eso llama la atención lo ocurrido con Paolo Guerrero, el líder de la selección; un jugador maduro, comprometido y serio, que ahora sufre las consecuencias de habérsele encontrado restos de mate de coca en el organismo. Obviamente el país está impactado por la noticia de su inhabilitación a un mes del Mundial. No solo eso: no hay otro número nueve de su nivel y experiencia para jugar en Rusia.

La suspensión de Guerrero afectará a la selección. Por lo mismo todos estamos indignados. Como será la gravedad del asunto que, emocionalmente, para la mayoría de los peruanos la salida de Paolo impacta más que la de PPK. Así es el Perú: un país de afectos, esperanzas y desilusiones. Pero, más allá de esa penosa situación y de la solidaridad mostrada por todos nosotros con un jugador que tanta alegría nos ha dado, se hace necesario esbozar algunas preguntas y reflexiones sobre el tema.

¿Sabía la Federación de Fútbol que el jugador iba a dar positivo antes de su último partido por Perú si jugaba? Es de suponer que no. Pero que no lo sepa equivale a decir que no se supervisó esa línea de salud en los jugadores, es decir que la Federación no se preocupó por hacer los análisis clínicos correspondientes antes de las contiendas deportivas previas al Mundial.  Desde esa perspectiva, después de Paolo la FPF es la responsable de que esto haya ocurrido. Debió supervisar pormenorizadamente el estado de cada jugador precisamente para evitar una situación como esta. No se ha hablado de ningún análisis anterior realizado días previos al partido.

¿Qué hubiese pasado si Paolo Guerrero metía el gol de tiro libre contra Argentina en la Bombonera? Muy probablemente Argentina hubiese solicitado los puntos en mesa y por lo tanto Perú hubiese quedado fuera del Mundial.

¿Hubo un complot contra Perú y más particularmente contra el buen Guerrero? En el Perú somos expertos en inventar complots (por ejemplo, en culpar a la CIA cuando algo sale mal y nos genera frustración) y por lo mismo vemos sabotajes donde no los hay. Lo que sí hubo es negligencia, tanto del jugador como de la Federación. Si aceptamos la tesis de que el jugador “fue contaminado” (como se dice que lo fue), entonces estamos aceptando la posibilidad de que con él media selección pudo haber sido igualmente contaminada y nadie lo supo, por negligencia en la supervisión del estado de los jugadores. La seguridad e integridad de los jugadores está siempre bajo la responsabilidad de la Federación cuando están concentrados.

Más allá de eso resulta difícil imaginar que “una taza no haya sido bien lavada y que contenga restos de un té de coca” en un hotel en el que se hospeda la selección, armada de nutricionistas y personal especializado para su cuidado. A esto hay que añadir que la argumentación jurídica de una contaminación casual en un hotel (sin que se muestre o identifique la taza) parece más un recurso de la defensa que una demostración. No es que sea o no sea verdad, sino que procesalmente constituye una conjetura. Y un proceso de probanza busca justamente eliminar las conjeturas para demostrar la verdad y en base a hechos demostrables. La defensa habría hecho lo contrario.

¿Hizo bien o mal el Swissotel en facilitar una carta en la que se afirma que ellos no comercializan el mate de coca en sus instalaciones? ¿Mintieron o eso es verdad? Si mintieron, ¿con qué propósito?

La selección es cliente y cliente frecuente. ¿Cuál sería el beneficio de afirmar una mentira por escrito y de esa dimensión? Ninguno. Más allá de esto, resulta cuestionable que el hotel no haya comunicado la existencia de una carta que podía ser utilizada contra el jugador. Es más, pudo abstenerse de participar indirectamente en el proceso. Cuando sucedieron los escándalos de la selección en el Hotel El Golf, la administración se abstuvo de aportar información oficial. Aquí pasó lo contrario.

A raíz de estos sucesos, se ha hecho pública la tensión existente entre Guerrero y Pizarro. Un sector de la prensa especula con la posibilidad de que Pizarro pueda ser el reemplazo de Paolo Guerrero en el Mundial, pero –a su vez– un amplio sector de la población peruana no quiere a Pizarro en el Mundial. La percepción que tiene de él es que, a diferencia de Paolo, nunca mostró un compromiso real con la camiseta de Perú. En términos de goles, los resultados y reconocimientos no favorecen a Pizarro. Guerrero integraba y subía la autoestima del país; Pizarro, en cambio, a estas alturas divide y genera cuestionamientos.

No hace mucho la selección tenía serios problemas en la parte defensiva. El caso más evidente fue el de las cuestionadas intervenciones de Zambrano. A esto se añadió la posterior indisciplina de Advíncula. Hubo más que eso, pero el comando técnico logró revertir esta situación. Hoy en día la selección tiene una defensa que da seguridad y que juega con eficacia. Ojalá Gareca también logre resolver el problema ofensivo que se crea con la ausencia del Paolo Guerrero.

Todos lamentamos su ausencia. Reflexionar sobre el tema no implica no mostrarle nuestra solidaridad; más aún en el Perú, el país del mate de coca.


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