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¡El avión, el avión!

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¿Acaso estamos ante un típico caso ideológico de "corrección política" que utiliza la "no discriminación" como propaganda? ¿O es una simple moda? Como decían nuestros abuelitos, ¿los cartelitos no le estarán haciendo el avión a toda la sociedad?



El monumental desatino de la municipalidad del Callao de clausurar las puertas de entrada del aeropuerto internacional Jorge Chávez utilizando una causa legítima como el deber de la no discriminación en ningún establecimiento público revela el daño que la demagogia y la falta de sentido común pueden hacerle a un país. El municipio chalaco multó y sancionó al concesionario del aeropuerto por no tener colocado un cartel (la municipalidad reclama uno por cada cien metros cuando ninguna de norma establece eso).

Todo lo anterior a raíz de una denuncia por un sonado caso que se dio tiempo atrás, cuando una persona fue objeto de las burlas de un animador de un grupo musical dentro de las instalaciones del aeropuerto, por su condición de homosexual. ¿Es responsable el aeropuerto por lo que un pasajero IGNORANTE le pueda haber dicho a otro por no tener visible un letrero que “prohíba la discriminación” en sus instalaciones? ¿Alguien cree en su sano juicio que el incidente no se hubiera producido si el ignorante hubiera leído el cartel? Tal vez el ignorante se hubiera inhibido si el cartel prohibitivo estuviese acompañado de la advertencia de una gruesa multa contra el discriminador (que en este caso no es el aeropuerto), pero el hecho es que no es así incluso si hoy se llenase de carteles contra la discriminación el Jorge Chávez.

¿A quién se entiende que está dirigido un cartel del tipo que la municipalidad le exige al aeropuerto con clausura incluida? ¿Al personal que trabaja en todas las áreas de servicio para con la atención que brinden a los usuarios del aeropuerto o a los usuarios para con otros usuarios? ¿Está eso claramente delimitado?

Yo entiendo, por ejemplo, que el aeropuerto solo puede responder por el personal que trabaja allí bajo las modalidades que sean y que cualquier cartel que prohíba la discriminación está orientado en ese sentido: al servicio. ¿Pero cómo puede responsabilizarse el aeropuerto por lo que los usuarios puedan hacer sentir a otros usuarios? ¿No es eso bastante subjetivo?

Dejando de lado las injurias o agresiones directas y bastas (como las de un cliente energúmeno del Plaza Vea de San Isidro, que hoy mismo agredió a una cajera y tildó de “indios” a los que salieron a defenderla y que es pasible de una sanción penal), ¿una mirada, una mueca, una ceja alzada podrían interpretarse como un gesto de discriminación? ¿Quién lo decide? ¿Los propios usuarios? ¿LAP? ¿La policía?

¿Los carteles contra la discriminación solucionan ese tipo de problemas?  Y si el cartel no soluciona nada con respecto a la relación subjetiva entre usuarios, ¿acaso estamos ante un típico caso ideológico de “corrección política” que utiliza la “no discriminación” como propaganda? ¿O es una simple moda? ¿Más bien los cartelitos no estarán, como decían nuestros abuelitos, haciendo “el avión” a toda la sociedad?

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