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Opinión


7 Agosto, 2018.

Duque en Colombia

Nuevo presidente asume funciones con grandes retos; entre ellos, eliminar desinteligencias con el Perú.

César Campos

| Columnista

Nada fácil la tiene el flamante presidente de Colombia Iván Duque para ejercer el mandato supremo que hoy inaugura y que debe culminar el 2022. Como pasó en Chile y Argentina los últimos tres años, el giro hacia la derecha en la tierra del café encarna más un rechazo no militante a las opciones izquierdistas (e inmorales como la de los Kirchner) y por lo tanto requiere que se consolide esa legitimidad popular en el curso de las acciones gubernamentales.

Conocí a Duque al culminar la 31ra. Convención Minera-PERUMIN en Arequipa, setiembre del 2013, la cual había sido clausurada con una charla magistral del expresidente de su país, Álvaro Uribe. Duque oficiaba como su asistente y lo acompañaba con una respetuosa sumisión. Tenía entonces 37 años. Dialogamos muy poco y apenas alcancé a saber que era abogado y había prestado sus servicios al Banco Interamericano de Desarrollo. También que pretendía postular al Senado por el partido uribista, el Centro Democrático. Y algo sobre su afición literaria. Nada más.

Duque, en realidad, se ha dado a conocer políticamente en muy poco tiempo. Y el espaldarazo de Uribe le ha servido como punta de lanza para llegar al palacio de Nariño. Tendrá a su rival de las últimas elecciones presidenciales, Gustavo Petro, sentado en una curul senatorial disparando desde la siniestra con una batería de objeciones propia del activismo socialista de estos tiempos.

Y el acuerdo de paz con las FARC –el que Duque ofrece revisar para impedir la impunidad de quienes cometieron graves delitos y ahora hasta pretenden hacer carrera política– será sin duda el detonante de una nueva guerra argumental que todos esperan se mantenga en los cauces democráticos, pues la violencia no ha cesado en el hermano país.

En medio de todos los desafíos (políticos, económicos, internacionales por sus tensas relaciones con Venezuela), el nuevo jefe de Estado debe echarle una mirada a los vínculos de Colombia con el Perú.

No es que estos atraviesen grandes problemas, pero es innegable cierto grado de enfriamiento cuyo origen debe dilucidarse y precisar a qué se deben las desinteligencias. Por lo pronto, hay gestos que no pueden pasarse por alto: el presidente Martín Vizcarra (a diferencia de sus tres últimos antecesores) no concurrió a la celebración de la fiesta nacional de Colombia. Tampoco lo hizo el canciller Néstor Popolizio. Igualmente, a la transmisión de mando del día de hoy, asistieron a la ceremonia en Bogotá el primer ministro César Villanueva y Popolizio, pero no Vizcarra.

Información oficial del Ejecutivo señala que nuestro presidente tuvo ayer una “cordial conversación telefónica” con Duque, anunciándole que se verían el próximo mes de setiembre. En horas de la mañana, Vizcarra fue visto clausurando la III Reunión Regional de la Conferencia sobre Población y Desarrollo de América Latina y el Caribe, organizada por la CEPAL en Lima.

El lenguaje diplomático conoce de estos gestos y, para un socio de la Alianza del Pacífico, sugiere mensajes de otra índole. Mi hipótesis para entenderlos apunta a una muy reciente decisión del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo del Perú que impone a ciertos bienes colombianos tasas arancelarias de 10 por ciento, ajustándose a una resolución del Tribunal de Justicia de la Comunidad Andina la cual sancionó el 2005 a Colombia por restringir las importaciones de arroz de los países miembros de dicha comunidad. Ocurre que Colombia desacató esta última entre los años 2016 y 2018. Una actitud comercial hostil y de raigambre populista.

Otros más bien señalan fronteras de carácter ideológico con Duque y la opción que representa. Sobre todo por una mayor identidad del actual gobierno peruano con los acuerdos de paz con la FARC propiciados por Juan Manuel Santos, dada sus aparentes implicancias favorables al esquema geopolítico peruano. No lo creo. El razonamiento sería pueril, escasamente elucubrado.

En cualquier terreno, Duque y Vizcarra deben recuperar el estándar ascendente que han tenido las relaciones Perú-Colombia los últimos años. Es su obligación.


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