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Opinión


23 Octubre, 2017.

Drawback: los ricos también lloran

Sí, hay que revisarlo —en línea con lo expresado por la ministra Cooper— pero para que recobre su fortaleza original como herramienta de promoción de las exportaciones no tradicionales.

Uno de los retos que más entretiene a los ministros de Economía, que da abundante trabajo a los abogados y contadores —y que eleva los alaridos de la izquierda para exigir y criticar— es la Reforma Tributaria. No hay Gobierno que se resista a modificar el escenario fiscal todos los años, probando y/o copiando modelos y fórmulas que terminan impactando los bolsillos de un grupo reducido de peruanos. Sin embargo, más allá de los pequeños cambios en las tasas o en las sanciones por incumplimiento de obligaciones formales, está el gran tema de las exoneraciones y regímenes especiales. Hay algunos que necesitan una reestructuración urgente o simplemente ser eliminados porque no han cumplido los efectos de promoción para los que fueron creados.

Afortunadamente, la ministra Claudia Cooper es perfectamente consciente de ello. Al inicio de su gestión declaró: “Vamos a empezar a racionalizar las exoneraciones en la medida que se pueda y dar otro tipo de beneficios que sean menos dañinos”.

Ante esta pública advertencia, me preocupan los oídos sordos del Congreso que hace unos días aprobó, (en primera votación), una ley que restituye el derecho de ingresar al país aeronaves, repuestos, motores y elementos asociados a la aeronáutica sin el pago de tributos. Inquieta aún más que existan cerca de 20 proyectos de ley, con efecto tributario, que podrían ser aprobados por el Parlamento antes del cierre de la legislatura y que impactarían la alicaída recaudación fiscal.

Resulta incomprensible que no estén alineados con el Poder Ejecutivo. El MEF debería tener la última palabra en todo aquello que impacte la recaudación y la caja fiscal. Señor Galarreta, ¡ponga orden, por favor!

Sin embargo, en mi opinión hay algunas exoneraciones que sí es necesario mantener y, en ese sentido, discrepo con un destacado economista, que en su columna del diario El Comercio del pasado viernes 20 de octubre señala: “Las exoneraciones crean distorsiones en la economía […] El drawback, por ejemplo, incentiva a ciertas empresas a utilizar su capacidad productiva para producir cosas que no pueden venderse a un precio competitivo en los mercados de exportación, en lugar de ocuparlas para producir algo para el mercado interno”. Solamente le preguntaría a este experto señor, que pontifica desde el escritorio, si alguna vez en su vida ha intentado echar a andar una pequeña empresa de exportación no tradicional y se ha enfrentado a las carencias logísticas y desventajas de competitividad de nuestro país. ¿Sabrá que el hecho de que los productos provengan de un país subdesarrollado, eleva el nivel de exigencia de los estándares de calidad y de análisis fitosanitarios, para alimentos, por ejemplo? Además, el consumo interno es muy pequeño; habría demasiada oferta para una demanda diminuta. Desaparecerían la mayoría de empresas, promoviéndose así la informalidad y la subempleabilidad.

A más inri, todos los esfuerzos de Proinversión y de las oficinas comerciales para posicionar al Perú en el mercado internacional habrán sido en vano. ¿Eso estamos buscando? Sí, hay que revisar el Drawback —en línea con lo expresado por la ministra Cooper— pero para que recobre su fortaleza original como herramienta de promoción de las exportaciones no tradicionales.

Mientras tanto, congresistas de Nuevo Perú organizan foros en el Congreso para fomentar una mayor tributación minera. ¿Cuándo no? Otro ejemplo emblemático de coherencia. Como no pueden impedir que se generen nuevos proyectos mineros (existen más de US$ 50 mil millones de proyectos mineros en cartera y se espera que entre el 2017 y el 2019 se concreten proyectos por US$ 9.228 millones, que sumarían a los actuales), deciden hacer su guerra antiextractiva a través de una mayor tributación, tratando de llevar a las mineras al límite y desangrarlas.

Me pregunto: ¿qué sería de la izquierda hoy en el Perú sin la minería? ¿Existiría? O mejor dicho: ¿qué sería de nuestro país sin la generación de riqueza a través de la minería? Es un escenario que prefiero no imaginar.


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