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Opinión


13 Abril, 2018.

¿Dónde está la gente honesta?

Hoy más que nunca se requiere una Comisión de Ética proba que investigue con firmeza y sin favoritismo las denuncias contra cualquier congresista, indistintamente de su poder y capacidad de negociación política.

Recientemente, Yonhy Lescano pidió una reestructuración integral de la Comisión de Ética, llegando a mencionar la posibilidad de que la integren independientes. Sin embargo, ese mismo caballero –presunto abanderado de la moral– se ausentó a la sesión que decidió el archivamiento de la denuncia contra Yesenia Ponce, en una evidente connivencia con Fuerza Popular.

Al ser cuestionado públicamente sobre lo anterior, Lescano sostuvo que se levantó de la reunión “por dignidad” (sic). ¡Que confusión semántica! Vale recordarle al parlamentario que dignidad tiene la persona que se comporta con responsabilidad, seriedad y respeto: huir de una toma de decisiones es simplemente reflejo de un hombre débil y timorato que no merece ocupar un cargo de tan alta jerarquía (aunque en la práctica dicho cargo también esté devaluadísimo), pagado con nuestros impuestos.

Algunas reflexiones:

Hoy más que nunca se requiere una Comisión de Ética proba, que investigue con firmeza y sin favoritismos las denuncias contra cualquier congresista, indistintamente de su poder y capacidad de negociación política. Inquirir y analizar no es condenar.

Rechacemos, entonces, la socorrida cantaleta de la “persecución política”. Siempre nos olvidamos que los congresistas nos DEBEN un comportamiento. Estamos tan acostumbrados a su ineficiencia y poco profesionalismo que simplemente los rechazamos a través de las encuestas o de las redes sociales, pero la verdad es que hemos aprendido a conformarnos con la más absoluta mediocridad.

El grave problema es que hay muy poca gente honesta y con vocación de servicio que esté dispuesta a sacrificarse cinco años por el país. El máximo suplicio debe ser tener que soportar las insípidas peroratas de personajes como Bienvenido Ramírez o Moisés Guía Panto; la prueba de fuego, tolerar el oportunismo de los “gestores de intereses” o las inaceptables voces proterroristas del FA. Si existiera una garantía de que el Congreso va a estar conformado por gente de primer nivel, sería un premio de la vida poder integrarlo. Lamentablemente, nuestra realidad actual en ese aspecto es desoladora.

Otro severo problema es que han perdido la capacidad para distinguir entre el bien y el mal: se mueven en una especie de Pantone monocromático, de diferentes tonos de gris según sus intereses. Se rehúsan a dimensionar la magnitud de la inconducta: nada les parece lo suficientemente canalla para someterlo a investigación y sancionarlo. Y hoy, con una Comisión de Ética desmembrada, se ha institucionalizado ese blindaje (“quebrar para reinar”).

La Comisión de Ética no puede ser una herramienta para tomar represalias políticas ni para instrumentalizar chantajes. En mi opinión, debe estar conformada por ciudadanos independientes de reconocida trayectoria, adecuadamente remunerados, que permanezcan en el cargo cinco años sin coincidir con el periodo del mandato legislativo.  Y de ello se desprenden dos interrogantes.

¿Existen? Lo dudo. ¿Quién los elegiría? No tengo respuesta, aunque queda claro que de ninguna manera debería ser por elección popular: es la experiencia más fallida.


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