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Opinión


11 Enero, 2018.

Divide et impera

El hecho concreto es que ambas facciones minoritarias existen en FP y el APRA y les importa un bledo la democracia interna de sus agrupaciones políticas así como hacerlas implosionar para ganar a río revuelto.

La juramentación del nuevo consejo de ministros presidido por Mercedes Aráoz ha terminado de poner en evidencia que la estrategia del régimen es la implementación del conocido aforismo político “divide y reinarás”.

Primero lo hizo con la bancada mayoritaria de Fuerza Popular el día de la votación de la incapacidad moral de PPK. A cambio del indulto a Alberto Fujimori, una gavilla de diez congresistas jefaturados por Kenji Fujimori se abstuvieron de mandarlo a su casa (contra el acuerdo partidario que respetaron los 61 restantes) y le quitaron a la oposición los votos de la vacancia.

En esa misma oportunidad, dos de los cinco congresistas apristas hicieron lo mismo traicionando —según Mauricio Mulder— un acuerdo partidario de votar en bloque por la vacancia de PPK. El quid pro quo de esta última abstención parece haber sido la juramentación ayer en Palacio de dos apristas, inmediatamente expulsados del partido por desobedecer la disciplina y las directivas internas del Apra de que ningún aprista participara en el gabinete (para ser consecuentes, también deberían expulsar del APRA al embajador del Perú en Ecuador, Hugo Otero, militante que… ¡hasta fue miembro del CEN!).

Es decir, el gobierno negocia prebendas (indulto y ministerios) con las facciones minoritarias y disidentes de sus principales opositores políticos. En ambos casos, la justificación de lo que tanto en Fuerza Popular como en el Apra consideran una felonía es el “voto de conciencia” y la “gobernabilidad” del país.

Por supuesto que el gobierno está en todo su derecho de sobrevivir a como dé lugar y nadie debería rasgarse las vestiduras por eso. Simplemente, así es la política. Ya es más cuestionable que tengan algún derecho aquellos que desde sus propios partidos están en pactos bajo la mesa con el gobierno, petardeando las decisiones de sus autoridades legítimas para apuntalar sus propios intereses.

Seamos claros. Kenji Fujimori, por ejemplo, perdió la batalla interna del liderazgo en Fuerza Popular a manos de su hermana Keiko. No pudo convencer de sus objetivos políticos a la mayoría de militantes y autoridades que apoyaron los de la líder del partido. Y como fue derrotado en la democracia interna, entonces decidió drenar desde adentro el poder del partido y el liderazgo de su hermana en connivencia con el gobierno. Tan simple como eso.

En el caso del Apra es igual. Hubo una elección interna para dirimir autoridades partidarias y perdió la misma facción que se abstuvo de votar la vacancia de PPK y que ahora (por lo visto en los medios de televisión) defiende el nombramiento de los apristas expulsados por ponerse el fajín ministerial.

El hecho concreto es que ambas facciones minoritarias existen y les importa un bledo la democracia interna de sus agrupaciones políticas así como hacerlas implosionar para ganar a río revuelto. Y también es obvio que tanto para Fuerza Popular como para el Apra la situación no puede continuar como está. Sería un suicidio político si la dejan avanzar.

Aunque la historia es pródiga en las soluciones que se dan a estas rebeliones sin causa —¡perdí y por tanto pateo el tablero y conspiro contra los que me ganaron la interna!—, la que se dio en el Apra a principios de los 80 del siglo pasado es un buen referente. En esa oportunidad y luego de la muerte de Haya de la Torre, se enfrentaron en el Congreso aprista dos fuerzas lideradas por Armando Villanueva (radical) y Andrés Townsend (conservador). Perdió la de Townsend que se negó a reconocer su derrota. Entonces fue expulsado y con él se fueron ilustres y prometedores militantes así como buena parte de las bases (lo que hoy ni por asomo es la realidad de los disidentes tanto de FP como del Apra).

Con Townsend salieron del Apra Alberto Borea (sí, el abogado de PPK para la vacancia), Francisco Diez Canseco Távara (el sempiterno presidente del Consejo por la Paz), entre otros. Inteligentemente, se quedaron Luis Alberto Sánchez y Ramiro Prialé, quienes comulgaban con las ideas de Townsend pero sabían que allí no había ningún futuro.

Townsend fundó el Movimiento de Bases Hayistas e incluso en su mítin inaugural llegó a llenar la emblemática Plaza San Martín. Fue su último éxito. El MBH se alío al PPC de Bedoya Reyes y quedó por la pata de los caballos en las presidenciales de 1985. Luego el MBH se deshizo sin pena ni gloria. Borea terminó en el PPC para luego ser nuevamente expulsado… y de los otros ya ni me acuerdo.

Townsend murió en el ostracismo y su legado político lo tomó su hija Anel, hoy en el ojo de la tormenta por los 3 millones de dólares bajo la mesa que le dio Odebrecht a la campaña de Susana Villarán contra la revocatoria y de la cual, según la propia Villarán, Townsend era la que se encargaba de la cuentas (“pregúntenle a Anel”).

En fin, a buen entendedor…


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