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Opinión


26 Septiembre, 2017.

Dios no escribe recto con renglones torcidos

Vargas Llosa no es ni Dios ni el Papa para pontificar acerca de los caminos que debe seguir la vida política nacional porque, contrariamente a lo que dice el vulgo...

Se ha vuelto a poner sobre el tapete el indulto a Alberto Fujimori y, desde España, vuelve a lanzar pestes Mario Vargas Llosa: advierte, amonesta, amenaza. Habla de ensuciar un gobierno —el de PPK— si el jefe del Estado utiliza su prerrogativa constitucional para mandar al Chino a su casa luego de doce años de encierro, con casi ochenta años a cuestas y con la mitad de la condena cumplida entre la cárcel y el hospital. De inmediato se aúpa la izquierda al carro fúnebre del Nobel: “PPK es un traidor del pueblo, del antifujimorismo que lo llevó al poder, del garante ilustre a quien termina insultando de la peor manera”, dice, por ejemplo, un activista profesional de Facebook y panfletista desde París.

Es una pera en dulce hacer la vivisección de este tipo de especímenes. Son fanáticos por naturaleza, eso está más claro que el agua. Dividen al mundo real en blanco y negro, dejando solo para sus fantasías literarias los matices fundamentales de la vida que las enriquecen. Así se explica que todo aquello que no comulgue con sus fijaciones políticas, prejuicios y manías sea malo: “PPK es un traidor del pueblo (porque no quiere que Fujimori se muera preso, como ellos quisieran)”. Del mismo modo, el “antifujimorismo” es bueno porque, supongo, ha llevado al poder de la mano del “ilustre garante” a ladrones y zamarras como Toledo y Heredia, o hasta a asesinos como el “capitán Carlos”. ¿Lindo, no?

¿Y acaso Vargas Llosa no se acuerda de cuando le dio su pleno respaldo a Alan García en su segundo gobierno y hasta lo visitó en Palacio porque —en sus propias palabras— “demostró que había cambiado”? ¿Ahora Vargas Llosa ya cambió también de opinión?

¿Son estos fulanos los que tienen el cuajo de dar lecciones de vida política y moral como si fueran dioses? “No necesito explicarte, Kunze, quién es Mario Vargas Llosa”, me dice el activista desde París quién, por lo visto, lo considera una especie de papa: “Es, sin duda, un sostén para todos los que vamos a luchar para que esta cochinada [el indulto] no proceda”.

¡Claro que no necesitan explicármelo! El Nobel es el mismo señor que viene equivocándose política y moralmente en todo lo que hace y recomienda desde mediados del siglo pasado. Respaldó la revolución cubana para luego arrepentirse; lo mismo hizo con el velascato, para luego arrepentirse también. Le dio hurras a Sartre (otro fanático como él) y después, adivinen, ¡se arrepintió!

Qué bueno fuera que se arrepintiera de la misma forma por haber avalado (en su antifujimorismo) a un presidente ladrón (Toledo) perseguido por la justicia, y a otro ya preso (Humala) y quizás hasta asesino.

No, pues, señores: Vargas Llosa no es ni Dios ni el papa para pontificar acerca de los caminos que debe seguir la vida política nacional porque, contrariamente a lo que dice el vulgo, Dios no escribe recto con renglones torcidos.