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Opinión


22 Diciembre, 2017.

Dead man walking

Independientemente del resultado final, no tengo la menor duda de que PPK ya está convertido en un espectro: gane o pierda será un caminante sin alma, generador de lástima por lo que pudo ser y no fue.

Germán Jiménez Borra

| Columnista invitado

La expresión en inglés “dead man walking” —idioma que PPK conoce muy bien— se utiliza comúnmente en los centros penitenciarios norteamericanos para aquellos sentenciados a muerte que están camino al cadalso. Y nuestro actual presidente ha venido realizando todos los movimientos necesarios para ubicarse en una situación similar, sumamente crítica e insostenible, con acciones irresponsables que nos están llevando a días de zozobra e inseguridad democrática.

Sus tres presentaciones televisivas previas a su juicio político nos han desnudado a un personaje de rasgos bipolares: en las dos primeras se mostró como un señor “que no sabía nada”, que argumentaba que todo consistía en un “golpe de Estado contra la democracia”, mientras que en la última noche amenazaba conque sus vicepresidentes no serían “parte de un gobierno que nazca de una maniobra injusta y antidemocrática”. Es decir, se quitó la careta del abuelito bueno e implícitamente promovió un autogolpe, con lo cual terminó desacreditándose y mostrándose tal como es: una persona desesperada capaz de cualquier cosa para no dejar el poder. Un poder que está perdiendo por sus propios méritos.

A quienes alegan que no se está respetando el debido proceso hay que hacerles recordar que este es un juicio político debidamente reglamentado por nuestra Constitución. Ya será después (con la inmunidad levantada) que deberá exigirse para PPK un debido proceso penal para determinar si es o no responsable de las acciones que se le imputan. Lo que no es materia de duda es que PPK luego de haber negado innumerables veces sus vínculos con Odebrecht tuvo que retractarse y afirmar que fue contratado como asesor para H2Olmos —empresa constituida por la misma Odebrecht—, así como haber recibido durante el periodo en que fue ministro de Economía (2004-2006) un depósito a su cuenta de US$ 380,047.48 por parte de Westfield Capital, empresa creada por él y que también está vinculada a la corruptora brasileña.

Independientemente del resultado final, no tengo la menor duda de que PPK ya está convertido en un espectro: gane o pierda será un caminante sin alma, generador de lástima por lo que pudo ser y no fue. El presidente, camino al cadalso moral, ha pasado a ser un “dead man walking”.


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