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Opinión


8 Abril, 2018.

De un lado y del otro

Solidaridad con un corrupto y una denuncia gravísima

Invitado

| Columnista invitado

Qué lejanos parecen los tiempos cuando la izquierda (en todas sus variantes) y la progresía se alucinaban la reserva moral de la política. Presumían de la utopía socialista y desde sus imaginarios e impolutos pedestales acusaban de corruptos a todo aquel que no profesara su ideología.

Hoy, cuando ya tenemos la plena certeza de que sus líderes fueron unos viles mercaderes tan malos o peores que los que ellos mismos señalaban con su insufrible petulancia –y luego de comprobarse, además, de que eran precisamente los actores principales en el entramado de corrupción de las transnacionales brasileñas– y frente a sus vergonzosos comunicados que apoyan y manifiestan solidaridad con un sentenciado por corrupción como el expresidente brasileño Lula Da Silva, podemos decir con todas sus letras lo que siempre supimos que son: unos fariseos.

Por otro lado, la denuncia contra el congresista fujimorista Edwin Vergara por sus conexiones con el narcotráfico es GRAVÍSIMA. No basta que haya reconocido que desde el 2016 ya no tiene vínculos comerciales ni amicales con un presunto cabecilla de origen colombiano (que habría liderado una banda de narcotraficantes y con quien el actual congresista constituyó una empresa de pinturas en 2014): ¡este último ha sido arrestado hace unos días con 800 kilos de cocaína en un almacén de San Juan de Lurigancho!

Más allá de lo dicho por Vergara, sobre este caso la ciudadanía espera también una respuesta rápida y contundente de la bancada fujimorista en el Congreso. Ojalá que la reacción de la mayoría no sea blindarlo. Esto no es broma.


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