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Opinión


27 Octubre, 2018.

¿De nación diva a bataclana?

¿Qué pasará cuando el furor del populista referéndum haya concluido? ¿Qué novedad se inventarán para distraer la atención durante el 2019? Pareciera que lo que les falta en creatividad les sobra en recursos para seguir “meciendo” a la población.

Nuestro país sigue viviendo de glorias pasadas, de cuando éramos la nación “diva” de la región. Hoy hemos cambiado las luces y lentejuelas por un atuendo gris y cada vez más desteñido: con un crecimiento de 3.6%, inevitablemente hemos perdido todo esplendor. Afortunadamente, todavía conservamos algunos centavitos en el bolsillo pero la pobre capacitación de nuestros funcionarios públicos, el pánico a tomar decisiones y el afán persecutorio de la Contraloría son los mayores enemigos del bienestar de los peruanos.

Recordemos que los fondos no pueden quedarse estáticos. Es la inversión a largo plazo lo que determina el ahorro de un país y su rentabilidad.

Villanueva reconoce que “la economía está afectada porque estamos en un escenario complicado”. Le faltó asumir su responsabilidad; admitir que ese contexto es producto de su incapacidad para ejercer liderazgo. Debe pensar estratégicamente y calmar las aguas. El ajuste de cuentas le hace un inmenso daño al país, y alguien tiene que tomar la iniciativa de poner paños fríos. Mientras el Congreso siga dinamitando los decretos legislativos del Ejecutivo y aprobando leyes como la negociación colectiva para el sector público, que impacta directamente en las cuentas fiscales, los peruanitos –esos de a pie que estamos cansados de tanto odio y polarización– jamás veremos la luz al final del túnel.

Al interior del propio Gabinete también hay demasiados intereses encontrados. Es imperativo hacer una reforma laboral, pero me cuesta concebir al diligente ministro Oliva –que conoce bien las vicisitudes de hacer empresa– consensuando propuestas con el taciturno sindicalista Christian Sánchez. El Ejecutivo es un equipo mal ensamblado.

Pero lo más grave de este encono es que se ha dejado de mirar el país. Nadie sale del pequeño radio limeño en el que se da el pugilato y la confrontación. ¿Alguien se preocupa porque el rebelde Walter Aduviri –cuyo camino al triunfo como gobernador regional de Puno fue facilitado por nuestra servil administración de justicia– exhibe una tónica separatista inaceptable, cuando espeta sin mayor vergüenza: “Somos una nación aymara y tenemos nuestras propias leyes”. Solo conoce el lenguaje de la sedición.

Gregorio Santos, procesado por innumerables delitos y cuya sentencia debió ser expedida en junio, sigue derramando ponzoña desde las redes sociales a pesar de que Cajamarca ha castigado en las urnas a su agrupación política MAS. Vladimir Cerrón hace lo propio en Junín. Lo único que saben estos personajes es generar antisistema y envenenar a la población. La pobreza –que ellos ayudan a provocar– es su mejor aliado.

Me pregunto: ¿qué pasará cuando el furor del populista referéndum haya concluido? ¿Qué novedad se inventarán los asesores del presidente para distraer la atención durante el 2019? Pareciera que lo que les falta en creatividad les sobra en recursos para seguir “meciendo” a la población.


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