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Opinión


20 Febrero, 2018.

¿Cumbre cuesta abajo?

La óptica del Gobierno sobre la venida de Maduro podría no ser necesariamente la correcta y la organización la Cumbre de las Américas se está mostrando como improvisada y hasta contradictoria. En cualquier momento se le puede ir de las manos a Cancillería.

¿Nicolás Maduro es un dictador? Por supuesto que lo es. Y no solo es un dictador, sino que además es un gobernante que tiene en su haber la violación de derechos humanos, episodios de violencia, opresión y encarcelamientos políticos. Además ha adelantado las elecciones en su país; lo que equivale a decir que las está manipulando para impedir que la oposición se organice mejor para dicha contienda. Y ha formado parte del grupo de gobierno que en el pasado intervino dolosamente en las elecciones políticas peruanas, contribuyendo a alterarlas cuando financió la campaña de Humala.

Nosotros, los peruanos, hemos extendido la mano a miles de venezolanos que vienen huyendo de las consecuencias de la dictadura madurista. Por todo ello, verlo en Lima puede resultar irritante y pintoresco a sabiendas de que en nuestro país hay miles de venezolanos víctimas de su gobierno autoritario. Y no es bienvenido, entre otras razones, porque es un abusivo, un sometedor; es decir, es un dictador.

Sin embargo, ¿en diplomacia internacional basta todo lo anterior para impedirle asistir a una cita de países miembros? Debería bastar; pero en derecho internacional eso no es así. No basta. La prueba de ello es que ha ido a un conjunto de reuniones y encuentros internacionales y/o transmisiones de mando.

PPK cursó invitaciones a los mandatarios de toda la región y lo hizo en su calidad de presidente, pero también en estricto cumplimiento de un compromiso internacional adquirido a nombre de todos los Estados miembros de la Cumbre de las Américas. Ahora este evento internacional lo organiza nuestro país pero no nos pertenece. Si nos perteneciera, siempre se realizaría en el Perú. Y eso no es así.

¿Puede, entonces, invitarse por escrito al representante de un Estado miembro para luego desinvitarlo unilateralmente? Eso es parte de la discusión en estos momentos, y lo que pone en cuestión son la eficacia y el profesionalismo con el que está actuando la Cancillería. Y aunque hay opiniones divergentes sobre el tema, no está demás considerar que la desinvitación se hizo en forma improvisada y a través de una conferencia de prensa para luego hacerse por escrito. ¿No debió ser al revés?

Además, la presidenta del Consejo de ministros ha intervenido contestándole  públicamente al mandatario venezolano, cuando en realidad esa función le correspondía a la canciller. ¿Qué hace ella azuzando el pleito? El gobierno aduce que el tema fue conversado por el Grupo de Lima, cuando lo que correspondía era ACORDARLO con los países miembros de la Cumbre de las Américas.

Chile, en cambio, no se hace estos problemas: ha invitado a Maduro a la ceremonia de transmisión de mando con todos los honores del caso. ¿Por qué ellos no se hacen bolas y el gobierno peruano sí? ¿No estarán ahí todos los demás presidentes con Maduro, incluido PPK, en la cena ofrecida por Piñera?

Apoyar el fondo de la decisión del gobierno peruano no debe cegar la mirada de lo que está pasando en Cancillería, porque en una sociedad democrática las formas y el cumplimiento de las normas son prioritarias. En diplomacia hay códigos aprendidos e incorporados; estos códigos aparecen en varias convenciones. Si esto no fuera así, los mandatarios se pelearían entre ellos al reunirse.

Una cosa es la política exterior y otra la gestión propiamente dicha: son dos pilares distintos, pero indisociables. Y aunque parezca absurdo, Cancillería podría estar gestionando este tema exactamente en forma contraria a como el Ejecutivo le exigió actuar al Congreso de la república, cuando PPK estuvo a punto de ser vacado: es decir, en base al irrestricto respeto de los debidos procesos y en cumplimiento de la normatividad vigente, sin apresuramientos y/o apasionamientos, y bajo formas y principios debidamente establecidos.

Tenemos que preguntarnos si al apoyar esa decisión estamos en realidad impulsando la improvisación y un manejo inexperto en Torre Tagle. ¿Qué pasa con los asesores? ¿La ministra los está escuchando? Cómo será la falta de claridad que por momentos parece haber en algunos sectores del gobierno, que la primera ministra acaba de declarar que de ser el presidente vacado ella renunciaría al encargo constitucional de vicepresidenta por falta de un ambiente democrático (¿?).

Hay que apoyar al gobierno, eso es indudable, pero tomando una sobria distancia de su manejo del poder. Su óptica podría no ser necesariamente la correcta y aquí, en el tema de la Cumbre de las Américas, la organización se está mostrando como improvisada y hasta contradictoria. En cualquier momento se le puede ir de las manos a Cancillería.

Si Torre Tagle no logra arreglar esta situación creada unilateralmente, la Cumbre podría verse seriamente afectada. Ya intervino en la escena pública Evo Morales para opinar sobre el tema. ¿Podrían otros países aliados del régimen venezolano no asistir al evento de Lima? El dictador insiste en asistir a la Cumbre y ya hay quienes afirman que la cita debería ser postergada. ¿Cómo quedará la posición peruana si a las próximas reuniones internacionales y transmisiones de mando Maduro asiste sin problemas?

Más allá de las formas (que pudieron ser mejores), una cosa es clara: las motivaciones que buscan excluir a Maduro de la Cumbre de las Américas se fundan en el respecto de los derechos ciudadanos, la democracia, la libertad y el rechazo al abuso y al autoritarismo. En eso sí estamos de acuerdo la mayoría de peruanos.


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