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Opinión


29 Agosto, 2017.

“Cuestión de prioridades”

La Municipalidad de Lima decidió aplicar su sentido de urgencia máxima y heroicamente aprobó cambiar de nombre del céntrico jirón Antonio Miró Quesada por el de Santa Rosa.

Oliver Stark

| Columnista invitado

El fin de semana pasado la Municipalidad de Lima decidió aplicar su sentido de urgencia máxima y heroicamente aprobó cambiar de nombre del céntrico jirón Antonio Miró Quesada por el de Santa Rosa. Porque, claro, es indudable que los diez millones de habitantes de Lima habían estado esperando una noticia como esta en medio de la huelga de maestros, de personal de salud, frente al caos vehicular y la inacabable fila de problemas de nuestra tres veces coronada villa y ciudad jardín.

Hay una histórica y extraña tentación limeña al inútil cambio de nombres de sus calles. Queda claro que están justificadas las modificaciones a aquellos nombres que por extraños caprichos o por la corriente la época fueron puestos y hoy devinieron en inapropiados. Me refiero a la Calle Matajudíos (primera cuadra del Jr. Ocoña), Mariquitas (tercera cuadra del Jr. Moquegua),  la Buena Muerte (octava cuadra de Áncash), el Callejón de Pericotes (actual Angaraes), la calle de los Negros (ahora jirón Casma) o el callejón de Matamandinga.  Sin embargo, no se entiende cómo es que ante la clamorosa demora en varios proyectos en Lima —llámese ampliación de Panamericana Sur a la altura del Jockey, la Línea Amarilla, el bypass Grau entre varios otros— al municipio se le ocurra ocuparse de algo tan ridículamente innecesario que genera confusión y rechazo total entre los usuarios de las vías.

Si la intención era homenajear a Santa Rosa el 30 de agosto pues hubiesen arreglado el pasaje del mismo nombre al lado de la Municipalidad, arteria que desde hace tiempo deja mucho que desear.

Esta especie de relación amor-odio con las calles no termina ahí. Pareciera que tenemos en los nombres de nuestras calles un pequeño reflejo de nuestra realidad nacional. Las calles Bernardo Monteagudo y Blas Cerdeña en San Isidro homenajean a personajes relacionados a la injusta y exagerada expropiación (y dilapidación) de bienes y dinero de la élite económica peruana, inmediatamente después de la independencia del Perú por San Martín. La Av. República de Chile se llamaba Sánchez Cerro, una figura que —si bien es cierto uno puede no estar políticamente de acuerdo con ella— hizo su contribución con el país después de la corrupción leguiísta y murió asesinado inspeccionando tropas para un posible conflicto con Colombia.

Esperemos que el concejo limeño retroceda en esta sinrazón que solo confunde y amarga más a los limeños, así como esperamos recapacite sobre otras iniciativas mal tomadas últimamente. Ojalá ellas no signifiquen la pérdida de la racionalidad y del foco en las verdaderas prioridades en la comuna.


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