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Opinión


7 Marzo, 2018.

Contrataque

Vizcarra lo que necesita si llega a suceder a PPK es gobernar. Y gobernar implica tener mayoría en el Congreso. Fuerza Popular tiene 59 votos. Keiko se los debería asegurar participando en su eventual gobierno para voltearle la tortilla a PPK.

En Fuerza Popular, al parecer, se cree que la vacancia de Kuczynski es una simple cuestión de votos en el Congreso. Eso es una verdad de Perogrullo. El asunto de fondo es cómo conseguir esos 87 votos.

Se cree también que la forma de conseguirlos es presentando una moción multipartidaria para asegurar por adelantado que los “partidarios” de las bancadas firmantes no salten al otro barco a la hora de la votación, o se laven las manos como lo hizo Nuevo Perú el 21 de diciembre pasado. Eso es una ingenuidad. Nada asegura que una moción multipartidaria de vacancia logre fidelizar los votos necesarios. Nada. Así las cosas, se deja “en manos de la providencia” el asunto de conseguir los 87 votos para vacar a PPK, con el antecedente de lo que ocurrió con la primera moción y con el hecho de que la bancada mayoritaria ha pasado de 71 integrantes en diciembre a 59 en marzo.

¿Cómo conseguir los votos? Haciendo política de verdad. El primer escollo para la vacancia es la fuerte percepción de incertidumbre en la opinión pública y los agentes económicos a lo que vendría después de defenestrado PPK. En otras palabras, el clisé de que más vale malo conocido que bueno por conocer.

¿Cómo sería el gobierno de Vizcarra? ¿Durará? ¿Será estable? ¿Lo dejarán gobernar desde el Congreso? A esas interrogantes Fuerza Popular solo tiene como respuesta que se respetará la sucesión constitucional y que cualquier cosa es mejor que PPK.

En simple, Fuerza Popular propone como alternativa de gobierno un nombre (Vizcarra) y su apoyo a lo bueno del nuevo gobierno y la fiscalización de lo malo, tal cual como lo ha venido haciendo con PPK. Es evidente que una propuesta como esa no despeja ninguna duda de los que creen que más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer y, por lo tanto, ante esa incertidumbre la opinión pública y los agentes económicos no se comprometerán con la vacancia. De ahí se sigue que el enfoque de oposición que Fuerza Popular ha tenido con PPK –según el resultado de las urnas en el 2016– no pueda ser el mismo en la eventualidad de un gobierno de Vizcarra de sucesión constitucional. Hay que cambiar el chip pues el escenario es otro.

La única forma de asegurar a la opinión pública y a los agentes económicos la estabilidad del gobierno de Vizcarra es participando en él. Llámenlo gobierno de unidad nacional o salvación nacional o como quieran. El hecho es que si no queda claramente establecido mediante un compromiso de gobierno la estabilidad de esa sucesión constitucional de aquí al 2021, ni la opinión pública ni los agentes económicos tomarán partido por la vacancia y PPK tendrá las de ganar por segunda vez al intento de mandarlo a su casa por inmoral.

En otras palabras, de lo que aquí se trata es de quebrar al gobierno de PPK de la misma forma que él ha venido quebrando con éxito a la bancada de Fuerza Popular. Eso se llama hacer política. Eso significa también asegurar a la facción del Apra que logró conseguir dos ministerios en el gobierno de Kuczynski, que los mantendrá en el gobierno de Vizcarra.

¿Y Vizcarra está pintado en la pared? Pues Vizcarra lo que necesita si llega a suceder constitucionalmente a PPK es gobernar. Y gobernar implica tener mayoría en el Congreso. Fuerza Popular tiene 59 votos y el Apra 5. Más que suficiente para gobernar con la estabilidad que el país exige. Quedarían fuera de juego Kenji Fujimori y sus once congresistas cuyos votos ya no servirían para nada. Vizcarra tendría también los votos que queden del partido oficialista, ante la previsible renuncia de algunos que no apoyen el nuevo estado de cosas.

La ganancia política para Fuerza Popular sería evidente. Pasaría de la desarticulación a la que ha sido sometida por PPK a tomar la iniciativa política y cortar el jamón tanto en el nuevo Ejecutivo como en el Legislativo. Y su futuro electoral para el 2021 sería sin ninguna duda mucho más prometedor de lo que es hoy día.

El otro escollo para la vacancia de PPK es que la calle está fría aunque, según las encuestas, plenamente consciente de la inmoralidad de PPK. Y mientras la calle esté fría la probabilidad de vacar al presidente es fría también. Solo con una calle caliente por la indignación pública, los timoratos de todas las bancadas tomarán partido por la vacancia. Pero la calle no se calienta sola. Ese también es un trabajo político de movilización que está pendiente por hacer por Fuerza Popular.

Vencidos esos escollos, la segunda vacancia por incapacidad moral de Pedro Pablo Kuczynski ya no estará en manos de la providencia, sino de la política. Y los que hacen su trabajo político –en la política– tienen una gran posibilidad de ganar.


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