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Opinión


14 Diciembre, 2015.

Conociendo a mis pescados

Una buena auditoría de entrada y salida pondría en claro el aumento asombroso del patrimonio de algunos congresistas.

Cecilia Blume

| Columnista

Las alianzas electorales tuvieron que inscribirse ayer. Y ese ha sido el primer acto de estas elecciones. Luego vendrá la inscripción de las planchas presidenciales y después las listas al Congreso.

Así, este fin de semana se ha acabado el primer misterio y sabremos quién va con quién. También tendremos una idea de por dónde irán las planchas y las listas al congreso serán “movidas”, pues hay que darles cupos a los miembros de las alianzas. Empezarán tensiones en los partidos pues es lógico que los cupos originales se reduzcan dando paso a miembros de partidos que muchas veces no tienen mucho que ver entre ellos.

En nuestro país las alianzas son “utilitarias” y no tienen que ver con ideas compartidas o programas de gobierno sino más bien con mantener vivos a los partidos y ganar algunas curules parlamentarias. ¡Los votos, los votos, los votos! Esos que son tan esquivos para algunos y que hacen que hasta las alianzas más inesperadas sean objeto de evaluación y, a veces, se concreten.

Lo importante, reitero, es la lista al Congreso, pues allí sí existe la posibilidad que durante cinco años puedan quedarse personas que no son idóneas para el cargo y que buscan hacer de este un negocio vendiendo sus votos para distintas leyes, sin sangre en la cara.  

Sería interesante, entonces, conocer el patrimonio de algunos congresistas que de la noche a la mañana aumentan sus ingresos de forma asombrosa luego de pasar un periodo congresal. Una buena auditoría de entrada y de salida de la Contraloría ayudaría, aunque prefiero una privada de Price Waterhouse o de Ernst & Young, pagada con fondos públicos —que significaría una inversión y no un gasto— para conocer a nuestros “pescados”.


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