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Opinión


18 Julio, 2018.

Cómo llegar al poder sin un partido

No hay pierde: cuando alguno de los aventureros que abundan en nuestra política nacional llega al poder sin partido, sin profesionales y sin planes, busca a las ONG para que le pongan ministros y funcionarios claves. ¿Entonces para qué un partido político?

Jorge Villena

| Columnista invitado

Si usted desea tener poder para promover un plan de gobierno, impulsar una agenda de políticas públicas, poner y sacar funcionarios en puestos claves, influir en los medios de comunicación y combatir a sus oponentes políticos, tienes dos caminos: fundar un partido político o fundar una ONG.

Según la Constitución, los partidos políticos concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular; es decir, llegan al poder con la legitimidad del voto para administrar el Estado y llevar adelante un plan de gobierno por mandato popular. Pero en nuestro país los partidos políticos son organizaciones precarias, sin base social ni recursos económicos. En un sistema donde gana solo quien tiene los millones para financiar una campaña, mantener un partido resulta una hazaña, excepto si tienes una universidad o recibes fondos de poderosas empresas constructoras y gobiernos populistas.

En cambio, puedes fundar una ONG para fingir que defiendes los derechos humanos, promueves a la mujer, el medio ambiente, la democracia y gobernabilidad; así, recibes sin ningún control dinero del extranjero, por parte de corporaciones, fundaciones, gobiernos extranjeros y otras ONG que financian agendas de políticas públicas para implantar en nuestro país. Mientras muchos partidos no tienen ni para pagar la luz, tu ONG hace seminarios, talleres, cursos, becas, pasantías, etc.

Como las ONG no pagan impuestos, puedes importar tus camionetas 4×4 a precio ganga; y para tus campañas contratarás expertos consultores, asesores, periodistas, influencers y artistas de la farándula local, quienes por unos miles de dólares prestarán su imagen y quedarán asociados de por vida a tu causa.

Las principales ONG políticamente activas en el Perú pertenecen a un puñado de clanes familiares, cuyos directorios están conformados por ellos mismos o sus cónyuges: estos grandes señores de la “sociedad civil” en forma combinada representan cientos de millones de dólares en fondos extranjeros e influyen en los medios, promocionan figuras políticas, al tiempo que captan profesionales para darles trabajo a cambio de promover sus agendas al interior de la gestión pública.

No hay pierde: cuando alguno de los aventureros que abundan en nuestra política nacional llega al poder –sin partido, sin profesionales y sin planes– busca a la autoproclamada “sociedad civil” para que le ponga ministros y funcionarios claves, quienes llevarán a la práctica sus planes.

¿Entonces para qué un partido político? Están mal vistos, no pagan sueldos, cada sol de de su financiamiento es cuestionado y hasta las polladas son supervisadas escrupulosamente por la ONPE. Con tu ONG puedes llegar al gobernante de turno sin necesidad de ganar elecciones… sin ni siquiera tener que ensuciarte los zapatos.

En conclusión, no tendremos un sistema de partidos políticos sólidos mientras funcionen organizaciones que hacen lo mismo que un partido pero jamás se someten a las mismas reglas.


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