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Opinión


14 Diciembre, 2015.

¡Cinco meses de silencio, por favor!

El presidente está obligado, le guste o no, a guardar la neutralidad que mandan el sentido común y el código de ética de la función pública, que es ley.

Armando Canchanya

| Columnista

Podemos especular que, al emitir calificativos sobre Alberto Fujimori y su gobierno en eventos oficiales, el presidente Humala quiso arrinconar a Keiko frente a sus votantes o tal vez desviar la atención de la comparecencia de su esposa ante la fiscalía.

Sin embargo, lo innegable es su efecto en la campaña electoral —habría que ser miope para negar que el condenado exmandatario y su gobierno son un tema importante en las elecciones—. El presidente es el primer funcionario del Estado y está obligado (le guste o no) a guardar la neutralidad que le impone el sentido común y, si quieren, el código de ética de la función pública, que es ley.

Resulta ocioso discutir la excusa aquella de que “el candidato no es Alberto Fujimori”. Lo mismo daría si mencionara la investigación a la suegra de Toledo por el caso Ecoteva o a Miguel Facundo (quien esta semana será condenado por los “narcoindultos”) y se excusara diciendo que ninguno de ellos es candidato. Igual, si dijera que todos saben que hay universidades pésimas usadas de plataforma política o que aludiese a la doble nacionalidad de los servidores públicos.

La criollada para evadir la ley ya la hemos visto y no puede justificarse según convenga. No queremos verlo preguntando a los reporteros: “¿Cómo quiere que le conteste, como político o como presidente?”


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