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Opinión


11 Octubre, 2017.

Cecilia Blume: ¡la pita se rompe por el lado más débil!

Esperemos que la Comisión rectifique su lenguaje y maneras persecutorias, y garantice una investigación justa, objetiva y responsable. Todos queremos encontrar la verdad. 

Cecilia Blume siempre ha estado presente en mi vida y en la de mi familia. Hemos estudiado el colegio y la universidad juntas, y es definitivamente una entrañable amiga. Por ello y al raíz del maltrato al que se ha visto expuesta durante la indagación casi inquisitorial realizada por la Comisión Lava Jato el 2 de octubre pasado, no puedo dejar de escribir estas líneas en señal de protesta.

Algunas reflexiones:

Su interrogatorio duró casi doce horas, con un inexplicable nivel de agresividad y poca tolerancia por parte de los congresistas presentes (especialmente Karina Beteta). El lenguaje no verbal de algunos miembros de la Comisión los delataba de inmediato. Abismal distancia con el afable trato recibido por José Graña Miró Quesada por parte de la misma Comisión. ¿Será que su estrecha vinculación con el grupo El Comercio le daba patente de corso o es que Graña tiene padrinos que le allanan el camino?

La señora Beteta en todo momento pretendió que Cecilia Blume tuviera en la memoria, y con perfecto detalle, eventos que ocurrieron hace más de diez años. No respetó el hecho de que hubiera asistido como invitada y únicamente para tratar cuatro temas puntuales. La omnipotente Comisión no tuvo el menor reparo en someterla a preguntas impertinentes o ajenas a la materia, con un aparente afán condenatorio o en aras de acusarla de ocultamiento de información.

Pareciera que tomaron como guía el Manual de los Inquisidores de Nicolao Eymerico. Estaban a la defensiva permanentemente, pensando que la doctora Blume se valdría de tretas, artificios y lágrimas de cocodrilo para disfrazar su “supuesta culpabilidad”.  Igualmente no dudaron en utilizar una suerte de tortura emocional y le lanzaron frases cargadas de prejuicios como “Si le incomoda decir la verdad, está en su derecho”. En todo caso, resultó clarísima la manifiesta antipatía de ciertos miembros de la Comisión hacia Blume, cuando lo que se requería es absoluta transparencia y claridad de ideas en la investigación.

En una etapa del interrogatorio, relativa a la lista de clientes de la doctora Blume (distinta a las empresas brasileñas y sus consorciadas GyM, JJC e IIRSA), la congresista Beteta expresó que Blume se amparaba en leguleyadas para no responder con la verdad, acusándola de tener temor y poca transparencia además de encubrir  información. Esto a pesar de la clarísima explicación de Cecilia sobre que se encontraba sujeta a convenios de confidencialidad y obligada a respetar la reserva respecto de sus clientes, por lo que había invocado su derecho constitucional y el mandato del Código de Ética del Colegio de Abogados de Lima.

Estoy segurísima, porque la conozco, de que Cecilia Blume es una persona muy honorable y una profesional de altísimas calidades éticas: desafortunadamente no todos la ven de la misma forma, y las leyendas urbanas y chismografía juegan en su contra. Ella es la mayor interesada en que se esclarezcan todas estas maliciosas percepciones y hoy —ya en calidad de investigada— seguirá colaborando con las indagaciones en la medida de que se respete el debido proceso, como corresponde en toda sociedad democrática.

Finalmente, me pregunto porque la congresista Beteta no muestra el mismo nivel de indignación y altisonancia ante las “conformistas e impasibles” declaraciones de Duberlí Rodríguez, presidente del Poder Judicial, en el sentido de que las autoridades de los Estados Unidos no tramitarán el arresto provisorio de Alejandro Toledo. ¿No le molesta la impunidad? ¿Le teme a Toledo y al poder político que eventualmente lo está protegiendo?

Como siempre, la pita se rompe por el lado más débil; Cecilia Blume se ha convertido en una nueva víctima. Esperemos que la Comisión rectifique su lenguaje y maneras persecutorias y garantice una investigación justa, objetiva y responsable. Todos queremos encontrar la verdad.


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