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Opinión


24 Noviembre, 2017.

Caviar no come caviar

En algún instante de ingenuidad me imaginé a Charito y a su corte saliendo a las calles, lavando banderas, reclamando y exigiendo la merecida sanción a quienes actuaron dolosamente y se aprovecharon de la buena fe de la población. Sin embargo, para estas personas la indignación solo se da de acuerdo a quiénes están metidos.

Germán Jiménez Borra

| Columnista invitado

“La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida… ¡Ay, Dios!” Aquellos autodenominados dueños de la moral del país han quedado sorprendidos —o más bien descubiertos— con las recientes declaraciones del empresario brasileño y dueño de la consultora FX Comunicaciones, Valdemir Garreta, quien recibió tres millones de dólares (dos de ODEBRECHT y uno de OAS) para cubrir los gastos de campaña contra la revocatoria de la inefable exalcaldesa de Lima Susana Villarán.

En su declaración ante el Ministerio Público, Garreta no tuvo reparos en señalar que para los efectos de acordar los gastos de esa campaña se reunió con la referida alcaldesa, el gerente municipal José Miguel Castro y el publicista Luis Favre. Todo ello demostraría que dicha campaña se financió con dinero turbio, lo que acaba de ser corroborado por el colaborador eficaz Jorge Barata, ex superintendente de Odebrecht, quien afirmó que la misma Susana Villarán lo llamó telefónicamente para agradecer el apoyo recibido por la empresa brasileña .

Resulta sumamente irónico que quienes salieron a defender a Villarán durante la revocatoria hoy digan en redes sociales que se encuentran indignados y decepcionados, y que nunca se imaginaron que la financiación de sus actos se pagó con el dinero sucio de las empresas más corruptas que recuerde nuestro continente. ¿Acaso creían que los cientos de paneles con el NO por todo Lima eran gratis? ¿O que las horas invertidas en la televisión eran una cortesía de los medios de comunicación?

Para quienes pretenden exculpar a los funcionarios municipales aduciendo que no conocían las acciones corruptas de las empresas brasileras solo queda hacerles recordar que tanto Odebrecht como OAS eran contratistas en la gestión municipal de Villarán. Por ende, el solo hecho de aceptar una donación para la campaña del NO ya era un acto corrupto: ninguna excusa es válida para aquellos defensores de lo indefendible, más aún cuando se les ve el fustán a kilómetros de distancia.

En algún instante de ingenuidad me imaginé a Charito y a su corte saliendo a las calles, lavando banderas, reclamando y exigiendo la merecida sanción a quienes actuaron dolosamente y se aprovecharon de la buena fe de la población. Sin embargo, para estas personas la indignación solo se da de acuerdo a quiénes están metidos. Y es que caviar no come caviar.


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