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Opinión


2 Octubre, 2017.

Cataluña, Cataluña

En un mundo globalizado donde priman las economías a escala, estos movimientos separatistas son despropósitos que solo debilitan a las naciones y a sus pueblos.

Si los progres consideran que la independencia de Cataluña debería darse porque la mayoría de los catalanes así lo quiere, no veo por qué aquí se oponen al indulto a Fujimori si hay una inmensa mayoría de peruanos que se ha pronunciado a favor de esta gracia presidencial. Nuevamente el doble rasero… ahora en versión internacional.

Dejando de lado ello para ocuparnos de lo sucedido en España, es claro que nadie puede estar de acuerdo con el excesivo uso de la violencia para reprimir manifestantes y, sin embargo, también es evidente que los principales responsables de lo que viene ocurriendo en Cataluña son los dirigentes separatistas que pretenden desmembrar el país ibérico.

La fuerza de España está en la unidad de sus comunidades; por ello debe mantener la cohesión y no someterse a los caprichos de ciertos políticos oportunistas que quieren desintegrarla. La independencia de Cataluña (integrante de España desde la unidad propiciada por los reyes católicos en 1462) dejaría al nuevo Estado inmediatamente fuera de la Comunidad Europea, convirtiéndolo en un minúsculo país de 32 mil kilómetros cuadrados (apenas del tamaño de la provincia de Lima) con siete millones de personas.

Así, para conformar un Estado viable Cataluña tendría que incurrir en cuantiosos gastos, los que hoy están centralizados y asumidos por todos los españoles. En un mundo globalizado donde priman las economías a escala, estos movimientos separatistas —que no cuentan siquiera con consensos amplios entre sus ciudadanos— son despropósitos que solo debilitan a las naciones y a sus pueblos.


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