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Carta de un peruano que podrías ser tú

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Soy de la sacudida generación de los ochenta, y percibo a lo lejos ese tufillo de violencia que fue soslayado y que nos reventó en la cara.



Cedo la palabra a un ilustre sobrino nieto. Profesional urbano y emprendedor rural de altísimo nivel. Chuncho de lujo y peruano de corazón. Lo público sin mover media coma porque no suena como un opinante que se pone el casete. Dice así:

“Mi país, esta inmensa maraña de naturaleza maravillosa, llena de historias y tradiciones, confusas medias verdades, confusos intelectuales llenos de palabras rebuscadas en libros leídos a medias a la luz de un café miraflorino… lleno de obtusos políticos de los de aquí y los de más allá. Unos claramente de izquierdas y otros no tan claros de izquierdas indolentes, todos orquestando cómo llevan agua para su molino. Todos en su afán de buscar tribuna se ponen a apoyar a los productores de papa, a los productores de diagnósticos situacionales llenos de palabritas cursis que suenan bien pero llenas de nada.

Demasiado perversos, tontos útiles y fanáticos partidarios con estrellas, lampas, martillos o flores. ¿De qué podemos estar hechos si no somos capaces de levantar las mangas de nuestras camisas, hacernos fraternos y patriotas y decidir finalmente trabajar de verdad por nuestra nación? Nuestras miserias nos están llevando al desplome de un sistema democrático que a pesar de sus debilidades sigue siendo la mejor opción. ¿Qué busca la izquierda, qué quieren los estrellados, los fujimoristas?

Soy de la sacudida generación que terminó el colegio en los ochenta, y percibo a lo lejos ese tufillo de violencia que fue soslayado y que nos reventó en la cara. Me confunde este instinto patológico de suicidio colectivo… me provoca náusea ver a los ladrones hablando de honestidad, ver a tanto improductivo intelectual hablando de trabajo y justicia social cuando jamás en su vida ni siquiera lustraron sus propios zapatos y me jode más que los que recibieron mejor educación y que están en posiciones expectantes solo piensen en ganar beneficios para su propio capote.

Pero sigo y seguiré con mis sueños, porque quiero que mi familia esté segura, quiero conseguir mis sueños para ayudar a conseguir a otros menos favorecidos una oportunidad para crecer.

A mí, al igual que a muchos, no nos volverán a meter miedo ni corrernos de casa. Vamos a seguir como la inmensa mayoría de este nuestro noble país, caminando —a pesar de tanto político mediocre y de un sistema tan abiertamente corrupto— porque tarde o temprano se premiará la virtud y los malos estarán donde tienen que estar.

En el supuesto de que existe otra vida, ¿qué dirían aquellos que llenos de patria ofrecieron su vida por esta tierra? ¿Cuál es nuestra verdadera conciencia cívica? ¿En verdad somos los peruanos que decimos ser o nos hemos convertido en unos ocupantes circunstanciales de este territorio, donde buscamos sacar la mayor ventaja posible?

Dicho esto regresaré a casa confiando en que llegaré sano y salvo, sin que ningún compatriota confundido retrase mi arribo. Atentamente,

Chuncho”.

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