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Opinión


9 Diciembre, 2018.

Cantos de sirena

Medite usted, señor lector, acerca de sus problemas y las prioridades de su vida cotidiana. Con sinceridad piense cuántos de ellos se van a resolver con el referéndum.

Uno de los inconvenientes que ha traído el populismo es sostener que las dificultades tienen fácil solución. Los problemas en el Perú son casi irreversibles pero nadie se atreve a decirlo: todos se niegan a aceptar y menos quieren declarar a viva voz que hasta las soluciones más simples exigen enormes sacrificios y mucho coraje.

Y los políticos prefieren aparentar que todo se resuelve con una ley. Molesta –y mucho– que no reconozcan la cruda verdad de que el país jamás cambiará de rumbo si la política sigue siendo vista como un medio de vida a la que acceden los malos peruanos, con el único propósito de cumplir sus objetivos personales.

Martín Vizcarra ha declarado textualmente que el referéndum es una apuesta de los peruanos por un país “más íntegro, transparente y libre de corrupción”. El ministro Francisco Ísmodes, abogado de profesión, ha sido enfático al expresar que fortalecerá la democracia (frase bastante cliché y repetida desde el 28 de julio). En la misma línea, el ministro Rogers Valencia sostiene que es el signo de un cambio en la vida democrática del país; que es la voz ciudadana la que debe mostrarnos por dónde ir.

En otras palabras, gracias a esta consulta popular los peruanos tendremos la capacidad de iluminar el camino de nuestros gobernantes y dar un giro significativo al futuro del Perú. Pero ninguno es capaz de aterrizarlo en acciones concretas; todo es palabras, promesas y simple manipulación.

Medite usted, señor lector, acerca de sus problemas y las prioridades de su vida cotidiana. Con sinceridad piense cuántos de ellos se van a resolver con el referéndum. ¿Qué significa para usted y su entorno cercano que la fórmula del gobierno resulte ganadora? ¿Cambiará su destino? ¿Se le abrirán nuevas oportunidades?

Por mi parte, presiento que se avecina una gran frustración. El gobierno nos ha vendido cantos de sirena, ante lo cuales tendremos que hacer lo que Ulises y amarrarnos al mástil de nuestras ideas para no dejarnos convencer.

Si bien una consulta popular es muy saludable para la democracia, lo cuestionable es toda la manipulación y mentira que hay detrás, aunada a la parcialidad de los medios –que pueden ser arrolladoramente destructivos– y a la desesperación de la ciudadanía que se aferra a cualquier esperanza que signifique un cambio. Que yo recuerde, la libertad y la democracia no habían dejado de ser bienes compartidos por todos los ciudadanos (salvo recientes excepciones de abierta ruptura del estado de Derecho); sin embargo, se ha desatado una pasión que acarrea lenguajes impropios. Está de moda el insulto, el modelo sectario, el debate exaltado y el absoluto irrespeto por todo aquello que signifique oposición.

Entonces, ¿de qué democracia estamos hablando si la verdad en el Perú pareciera tener un dueño absoluto?

Estoy segura de que va a ganar la fórmula propiciada por el gobierno, y esta “gran victoria” será recibida con algarabía e ilusión por un gran número de peruanos que hoy tienen la fe del converso. Esos mismos rostros que en diciembre del 2017 celebraban como un gran triunfo de la democracia que no se hubiera vacado a PPK y, bueno, el resto de la penosa historia ya todos la conocemos.

Como siempre, nos han vendido humo. Será un capítulo más de fracaso y desasosiego en el que todos –absolutamente todos– tendremos nuestra cuota de culpabilidad. El tiempo lo dirá.


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