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Opinión

Cajamarca: oda a la estupidez

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En el departamento más pobre del Perú se define el futuro de la gobernabilidad.



Marco Arana, rechazado hasta por los miembros del Frente Amplio porque se le subió la mostaza del poder a la cabeza (nada de la humildad que uno esperaría de un sacerdote diocesano que ahora pasea en 4×4), quiere chantajear desde el Congreso y con paros provinciales para que se apruebe su demagógica Ley de Cabecera de Cuenca, vale decir, que se prohíba la minería a más de 3 mil msnm.

Marco muestra una ignorancia interesada, pues lo que denomina “cabecera de cuenca” no es la esponja de agua que él dice, como profeta en la tierra de un Dios verde. La visión de Marco es la del póster del colegio que te muestra el ciclo hidrológico: agua que se evapora del mar, que se convierte en nubes que los vientos empujan hacia la cordillera y que a cierta altura producen la precipitación.

Eso es un esquema ideal. Pero si analizáramos un poco el fenómeno reciente El Niño Costero, las lluvias cayeron en las cuencas medias de los ríos (Caso Río Rímac, en Matucana-San Mateo, no en Ticlio), no como aparece en el póster.

Un Marco desacreditado buscará su caja de resonancia nacional (ONG de poca monta pero harto billete) e internacional para denunciar el “delito ecológico”. En el frente interno, como buen hipócrita (se hace el demócrata), organizó desde el 25 de mayo un paro en la provincia de Bambamarca, para rechazar la minería. Es cierto que hay pasivos ambientales en dicha provincia (que tiene minería desde los tiempos incaicos) y de los cuales Activos Mineros (empresa del Estado creada para encargarse de los pasivos ambientales) debería encargarse. Sin embargo, el paro tiene un fin político: respaldar la propuesta de Marco.

El alcalde provincial Edy Benavides —que estuvo en los actos violentos contra proyecto Conga— y los dirigentes no han querido dialogar con el gobierno, a pesar de la invitación cursada con fecha 17 de mayo del 2017 a través de oficio 0307-2017 MEM/OGGS para una reunión el viernes 19. En el colmo del cinismo, el alcalde Benavides dice que él no convoca el paro sino las organizaciones sociales (según la ley, si él lo convocara sería vacado).

Este paro se complementa con el rechazo de las rondas campesinas —por “restringir sus derechos”— a la propuesta de ley 773-2016 de Gino Costa que busca la “coordinación intercultural de la justicia”. Son paramilitares en sus territorios: sino veamos su planteamiento de la primera Asamblea de la Central Única de Rondas Campesinas del Perú (CUNARP):

“Los que se oponen a nuestra autonomía —al derecho de organizarnos y decidir lo más conveniente a los derechos e intereses del campesinado— son los partidarios del capitalismo salvaje y del monismo cultural-jurídico que alientan y protegen la corrupción, la injusta distribución del Presupuesto Nacional y la entrega de nuestros recursos naturales a empresas transnacionales que invierten el precio de una aguja para llevar el precio de una barreta. La orden para que nos ataquen sin tener derecho a defendernos no viene de los ronderos, sino de quienes utilizan el poder para garantizar los privilegios y grandes ganancias de una minoría dominante”.

Entonces, ¿aceptamos zonas liberadas en el Perú?

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