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Opinión


5 Febrero, 2018.

¡Bomba de tiempo (climática)!

Los celos y envidias están antes que los intereses del país. Los propios peruanos hemos sido nuestros mayores enemigos en este zigzagueante proceso de reconstrucción.

¿Faltan días, horas, minutos para que la gente salga a las calles a protestar por el desastroso proceso de Reconstrucción? ¿Cuántas víctimas más habrá este verano luego de que el Centro Nacional de Prevención de Desastres, organismo adscrito al Ministerio de Defensa “anticipara” (a estas alturas del verano) una anomalía climática que puede originar huaicos, deslizamientos e inundaciones con la posible afectación de dieciocho millones de viviendas a nivel nacional?

El optimismo puede jugar malas pasadas. Todos sabemos que la principal debilidad del Estado es su capacidad de ejecución. No hay sector que llegue al 100% de cumplimiento presupuestal y el caso de los gobiernos regionales y municipales es absolutamente patético, a pesar del optimismo de nuestra querida ministra Claudia Cooper. Ante esta conocida realidad, no entiendo por qué las áreas devastadas no se dividieron en tres o cuatro zonas y se adjudicó la ingeniería, procura y construcción a empresas extranjeras con experiencia.

Tragedias de esta magnitud permiten que nuevos actores asuman protagonismo, algo tan simple que no ha podido ser comprendido por las autoridades regionales y locales. Los celos y envidias están antes que los intereses del país. Los propios peruanos hemos sido nuestros mayores enemigos en este zigzagueante proceso de reconstrucción.

Varias empresas canadienses y estadounidenses —con amplia experiencia— estaban dispuestas a asumir el reto, pero la lentitud y desidia del Gobierno las espantó. Hubiera sido óptimo hacer una adjudicación acelerada, brindarles todas las facilidades para la importación de equipos, ingreso de personal extranjero, marco regulatorio ad hoc y una Contraloría fortalecida que acompañase desde el primer día. Quizás más costoso en términos monetarios, pero diminuto si lo comparamos con el inmenso pasivo social que la demora e ineptitud está generando. ¡Es una bomba de tiempo!

A más inri, elegantes autoridades anuncian inicio de trabajos de infraestructura con bombos y platillos, pero no hay entregables y esta penosa foto se replica a nivel nacional. El caos subsiste por donde se mire. Luego de doce meses, sigue constituyendo el monumento más emblemático a la desastrosa gestión de este Gobierno.

Por qué no miramos un ratito a los cuestionados Panamericanos, que hoy son un magnífico ejemplo de eficiencia. Se ha hecho un contrato de Gobierno a Gobierno con el Reino Unido y se está trabajando sobre la base de contratos NEC (New Engineering Contracts), los mismos utilizados para las Olimpiadas de Londres 2012 con excelentes resultados.

Se trata de documentos vivientes que permiten mayor flexibilidad, en aras de solucionar muy rápidamente los inconvenientes suscitados durante la ejecución y así permitir cumplimiento de cronogramas y presupuestos. Se evita al máximo el uso de adendas (¡uy! Esta es la parte que no gustaría a nuestros funcionarios públicos; sin embargo, hace que los acuerdos sean contractualmente más eficientes!

Sin el menor sarcasmo, podríamos decir que el único logro real durante la presidencia de PPK ha sido la clasificación a Rusia 2018… aunque, muy a su pesar, no es un mérito que pueda atribuirse. Sí le permitirá capear algunas tormentas sociales (claro, si es que llega a junio). En todo caso, lo capitalizará Martín Vizcarra.


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