toggle menu

Opinión


27 Octubre, 2017.

Bolivia: Tres razones por las que el Teleférico de La Paz es muy, muy chévere

La capital boliviana es una ciudad imposible para cualquier sistema de transporte que no transite por los aires.

Paolo Benza

| Columnista

1. La Paz es una ollita atravesada por enormes forúnculos. Una ciudad de edificios que —literalmente— cuelgan de los barrancos, de calles que serpentean sin orden porque es la única forma de ganarle espacio a los cerros, de pendientes que solo pueden ser remontadas por escaleras y, en general, de un diseño urbano totalmente subyugado a la heterogeneidad del terreno. La Paz es, por ende, una ciudad imposible para cualquier sistema de transporte público que no transite por los aires.

Usar cabinas flotantes es la única manera de dividir el lugar en ‘cuadrantes’ con alta densidad de tráfico que realmente faciliten el traslado de las personas. En otras palabras, la única solución para el transporte público de La Paz era un teleférico: y ahí está.

2. La Paz es una ciudad caótica e informal. Dentro de sus dimensiones lo es tanto o más que Lima (tiene un tercio de los habitantes). No existen, al menos en la práctica, los paraderos ni los cruces peatonales. Y si un carro puede bloquear una intersección para ahorrarse un semáforo simplemente lo va a hacer. Como Lima, La Paz ha encontrado un equilibrio que más o menos funciona, donde la gente ya sabe con qué pie salta mejor del bus en movimiento o cuántos segundos le bastan para correr entre calles sin ser atropellado.

En medio de ese caos, el Teleférico es una isla de rectitud. Ahí no te dejan ni subir por la escalera incorrecta, y si le das un sorbo a tu gaseosa en la cápsula el altoparlante te indica que puedes ser retirado del servicio por ello. El Teleférico es, entonces, una enorme pizarra que le muestra a los ciudadanos de La Paz que otro tipo de equilibrio (uno menos precario) es posible.

3. Construir un Teleférico también puede ser una forma de dar poder. Antes del Teleférico había una colina en la zona sur de La Paz en la que vivían los ultrarricos de la ciudad. En la punta de ese peñón inaccesible nadie podía ver qué hacían o siquiera cómo eran las mansiones a las que solamente ellos podían llegar en sus carros de lujo. Hoy, una línea del Teleférico —y estoy seguro de que fue a propósito— pasa justo por encima de esa colina antes de bajar a la estación del MegaCenter de la zona sur (donde los mismos ricos van a comprar).

Con el Teleférico, las terrazas y piscinas de los ricos ya no fueron más un misterio. Cuando se inauguró la línea hace unos años, hasta el MegaCenter llegaron los pobres de La Paz a hacer apthapi (picnic) Eso derivó en racismo en las redes sociales (idiotas hay en todos lados, no solo en Lima). Los paceños —que en eso sí son diferentes a nosotros los limeños— respondieron organizando un apthapi masivo en el centro comercial.

Dicho todo esto, sí hay que aceptar que el Teleférico es un enorme banner publicitario para el gobierno (ya era suficiente con ver la cara de Evo por todos lados abajo como para, encima, tener que verlo en las puertas de cada cápsula). Y, claro, Evo ha sido el único que se puso los pantalones para construir la cuestión pero ya se va por la reelección cuasi indefinida. Lo otro es que el Teleférico no tiene alimentadores aún, tampoco se puede recorrer todo con un solo pasaje y, entiendo, aún es deficitario. Esto no es necesariamente malo, pero el prejuicio dice que el Estado tiende a generar agujeros negros de plata en obras como esta.

Habría que ver los números. La cosa, al final, es que el Teleférico está muy, muy chévere.


Etiquetas: , , , , , , ,