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Opinión


13 Octubre, 2017.

¡Bola al piso o la embarramos!

Mr. Quipu advierte: si le quitas a la tabla los tres puntos y cinco goles ganados en mesa, quedaríamos octavos y eliminados.

Efraín Trelles

| Columnista

Para empezar, el susto no se me ha pasado todavía. Ya estábamos fuera del Mundial y llegó esa feliz sucesión de malentendidos sobre el verde que devino en el golazo de Paolo. Semejante concatenación solamente es posible porque esta es la tierra del Inka que el Sol ilumina porque Dios lo manda. Pero ahora mejor nos calmamos.

A Colombia hay que agradecerle que nos haya vuelto conscientes de nuestros propios límites. Tenía como hacerlo. Pero lo logró en complicidad con el mal manejado peso emocional que recae sobre el jugador con tanto salto jibarístico y triunfalista en el que incurrimos con manifiesta descompostura prehispánica.

Quiero como todos ir al Mundial, y lo mejor es pisar tierra firme. Ya mucha vaina con Mr. Chip: acá está Míster Quipu. Tomen nota. Vean la tabla y quítenle al cuadro bicolor los tres puntos y los cinco goles (05) obtenidos en mesa. Quedaríamos octavos, más o menos en el penoso puesto histórico. Y eliminadísimos. Subrayo la estadística para que cada quien se ubique y para que entendamos que no estamos a salvo de desperdiciar esta gran oportunidad y caer nuevamente en el síndrome del palo encebado.

No veo ninguna razón para que Nueva Zelanda no sea físicamente tan o más exigente que Colombia. Nustro medio campo requiere un poco más de consistencia física. No es difícil neutralizar la salida de nuestros laterales. Gracias, Colombia, por la advertencia. Cuando te falta fuerza al medio y tus laterales no tienen salida, lo normal es que ganes solo cuando tus otras estrellas brillan y ya sabemos que esto último no ocurre siempre.

No dudo que Ricardo Gareca habrá sacado valiosas conclusiones que trabajará en la interacción con cada jugador y una vez el grupo se haya vuelto a juntar. El resto es fisiología pura. Dice la ciencia que requieres un día por cada hora de diferencia para estar libre del pernicioso efecto del cambio de uso horario. En la transmisión del partido por Nacional, mientas otros colegas seguían sin descifrar el gol, nosotros nos adelantamos a sugerir que los doce seccionados locales viajen a Nueva Zelanda con diez días de anticipación. Y los otros que vayan directo, cinco días después. Parece que han recogido nuestra sugerencia.

Si es así, estimados Juan Carlos y Ricardo, acá va otra. Pídanle permiso a la FIFA para jugar la revancha en cualquier país limítrofe. Algo hay que hacer para evitar que nuestra desatada gritería precolombina, más la cantidad de hueleguisos, vedettes, pelopintados y buscavidas de toda laya (incluyendo conductores de tele y payasos de radio) terminan por afectar nuevamente el lado emocional del futbolista. Cobardes abstenerse.


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