toggle menu

Opinión


5 Octubre, 2017.

Bitácora de setiembre

Algo ha empezado a acomodarse.

Tras varios meses de frustración parece que finalmente la niebla ha empezado a disiparse para dar paso, poco a poco, al sol. El país no solo vivió tiempos nublados de política, sino que además estuvo paralizado. La economía que todos esperábamos que creciera más bien se contrajo: hubo contratos y compras de escándalo, el poder fue manejado con terquedad y hasta con enfrentamiento. La gente, los políticos, la oposición, las demandas sociales y la política en general no eran escuchadas, al punto que se llegó a un estado de pre zozobra. Por lo mismo, setiembre fue un mes movido pero a la vez esperanzador.

Movido porque el ex primer ministro finalmente renunció (renunció porque su pedido de confianza al Congreso fue en realidad un pretexto, una forma de irse).  Y esperanzador porque con la elección de la actual primera ministra las cosas, perceptivamente, de pronto empezaron a cambiar. Algo se ha empezado a acomodar.

Movido también porque Zavala se fue al estilo Sansón, rompiendo las columnas de su propia casa política para que todos cayeran con él. Ni los propios congresistas de su bancada entendían qué pasaba cuando presentó su cuestión de confianza. PPK se vio obligado a cancelar una cena con el presidente de Estados Unidos, que no es poca cosa para los intereses del país. Y la ciudadanía observaba sorprendida cómo transcurría el último capítulo de una novela mal escrita. Por lo mismo, se atravesó por una muy severa crisis de gobernabilidad de manera innecesaria.

Ahora, con los cambios y ajustes, se aprecia una mejor gerencia política y la sensación es que todo marcha más tranquilo. Ha quedado muy claro que si PPK no logró sus objetivos el primer año fue por el sesgo personal de un ex primer ministro que no tuvo ni la visión ni la experiencia política para el encargo que recibió. ¿Por qué es mejor decirlo aunque ya no esté gobernando? No para machacarlo ni golpear sobre el árbol caído sino porque hay que aprender de la experiencia, para que la factura social e histórica pueda ser luego atenuada y asimilada con realismo y autocrítica. De lo contrario, volveremos a tener más de lo mismo.

A este escenario político, se añaden en setiembre las nuevas denuncias de corrupción, la información que llega desde Andorra, las declaraciones de Josef Maiman sobre Alejandro Toledo, y el trabajo de la fiscalía en su lucha contra la impunidad y la corrupción. Tarea difícil y complicada que de no culminarla el gobierno con éxito y pragmatismo lo golpeará fuertemente, ante un país que para entonces estará aún más indignado. Y si bien es cierto que el Ejecutivo debe mantenerse neutral ante la administración de la justicia, también es verdad que debe mostrarse contundente en su apoyo al desarrollo de estos procesos. Esto último a los ojos de la población no aparece muy claro.

Y el otro tema que alcanza la política en septiembre —porque gusta, entusiasma y distrae— es obviamente la performance de la selección de fútbol. No es posible no hablar de fútbol. Y en esto, todos (padres e hijos, hombres y mujeres, grandes y chicos, políticos y no políticos, miembros del gobierno y de la oposición, maestros radicales y sectores conservadores, investigados y no investigados, “ladrones y no ladrones”) estarán apoyando a Perú, a pesar de sus diferencias. Si todo sale bien, esto a su vez daría un respiro al nuevo gabinete y a PPK.

Que el tenue sol que empezó a salir en setiembre se convierta en el milagro de octubre en todos sus niveles, para beneficio de una sociedad que, a pesar de todos —más allá de sus aciertos y errores, de su perseverancia y dificultades— busca la confraternidad, la armonía, la unidad, el desarrollo y la luz.


Etiquetas: , , , , , ,