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Opinión


9 Noviembre, 2017.

Bitácora de octubre

Este ha sido un mes de cierta calma. Calma que curiosamente fue interrumpida el más calmado de los días: el domingo del censo.

La intensidad mediática hoy se mide no solo por la prensa. También por las redes sociales, las que cada día se posesionan más como un auténtico poder. Poder de diálogo, de opinión, de indignación, de participación y de autonomía.

Y no hay duda de que en estos días parte de la atención de las redes y la prensa en general está en la performance de la selección. Eso es así. Se aprecia en los medios, en los memes, en el ambiente que se respira. También la atención empieza a enfocarse en la próxima visita del papa, atención que irá creciendo de a pocos en términos de interés y expectativa. A esto habrá que añadir la llegada de las navidades, además de la muy posible clasificación de la selección de fútbol al mundial de Rusia.

Si a esto se suma la salida de Fernando Zavala, resulta entonces entendible que la intensidad de la política, del día a día, de los escándalos, haya descendido en el mes de octubre. Por lo mismo, luego de la huelga de maestros y de los cambios en el gabinete, octubre ha sido un mes de cierta calma. Calma que curiosamente fue interrumpida el más calmado de los días: el domingo del censo.

Fue un censo que transcurrió entre descoordinaciones, fallas operativas, problemas de aplicación del presupuesto y episodios de ultraje y violación. Las redes lo evidenciaron. ¿Qué hubiera pasado si no hubiesen contribuido a denunciar todas estas omisiones y fallas? ¿Nos hubiésemos enterado?

El Estado y la ciudadanía brindaron todo su apoyo a la organización de ese censo, y la institución responsable —lejos de contratar a asistentes sociales, profesores, gente con más experiencia— convocó en muchos casos a menores de edad. Lo ocurrido es una metáfora clara de que será muy difícil acceder a un desarrollo transformador si se mantienen los patrones psicológicos del subdesarrollo.

La organización del censo demostró lo anterior. Evidenció además una falta de supervisión por parte de la PCM hacia sus propios organismos autónomos y colaboradores. No se trata, pues, de encargar una institución autónoma a un funcionario y no supervisar su desarrollo y los límites de su gestión. Si la gestión del INEI hubiese sido adecuadamente supervisada, posiblemente estos hechos lamentables no hubiesen ocurrido.

Otro tema que acaparó la atención en octubre y que ya se veía venir fue la renuncia del jefe de la entidad para la Reconstrucción con Cambios, funcionario que, al parecer (pese a su buena voluntad), no pudo con la entelequia burocrática y estatal ni con los intereses regionales.

La angustia ciudadana solicitaba resultados concretos. Y había que atender esa angustia. Pero la atención no fue inmediata.

La planificación debió ir acompañada de una política de atención de más amplia envergadura social. Eso no ocurrió. Habría además un importante retraso en la tarea de la reconstrucción. Ya llegan los meses de lluvia, y eso levantará la queja, la protesta y la angustia.

Un tercer elemento que viene de octubre es ese “toma y daca” existente entre una comisión investigadora del Congreso y PPK. Es probable que lo que molesta al presidente no sea propiamente que lo entrevisten, en el marco de una investigación congresal, sino la utilización política y mediática que se haría del tema. La Comisión, como es lógico, quiere entrevistarlo; y el presidente quiere contestar por escrito. Así de paso evita las repreguntas. Ambas partes tienen argumentos y razones.

En esta discusión hay un problema de tono, de deber, de responsabilidad, de evasión y de posible manipulación mediática; pero también de protección y resguardo de la investidura presidencial. Veremos qué pasa.

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