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Bitácora de octubre

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Un mes de intenso espectáculo político y mediático



Octubre fue un mes de intenso espectáculo mediático por las audiencias en las que se evalúa prisiones preventivas por el caso de los cocteles. La lideresa de Fuerza Popular, acusada de lavado de dinero, quedó detenida primero por unos días y luego por 36 meses.

La gente seguía lo que estaba ocurriendo como si de una telenovela se tratase, capítulo por capítulo, nombre por nombre, acusación tras acusación. Algunos se sentían realizados y felices; otros se indignaban. Pero en ambos casos los sentimientos eran de sorpresa porque en esos días nadie esperaba ese desenlace.

La acusación se extiende a diez personas más y en la práctica se levanta en peso a la cúpula de Fuerza Popular; por ello hay quienes afirman que estamos ante un proceso de politización de la justicia, y que el fiscal acusador y el juez están coludidos. También otros creen que ya era hora de que interviniera la justicia y que lo único que está ocurriendo es un sinceramiento jurídico de la realidad.

No voy a desear la cárcel a nadie ni echar más leña al fuego, pero sí resaltaré la gravedad de una situación que muestra un comportamiento de la política en general y el evidente malestar ciudadano hacia ese tipo de prácticas, posiblemente extendidas a otros partidos. Los chats del grupo La Botica evidencian además una digitalización del escenario político en el propio Congreso, pues se coordinaba hasta los aplausos al interior de una institución elegida para actuar con libertad plena, independencia y en democracia.

Los sentimientos ahora se han desplazado a un nuevo espacio: el de los tribunales de justicia. Muchos de los comentarios se hacen ahora desde las sensaciones generadas a partir de esa crónica judicial y con la misma intensidad de antes. A esos niveles ha llegado el enfrentamiento entre los peruanos: a la judicialización no de la política sino de las posiciones de la ciudadanía. Todo está representado ahí: acusaciones, defensas, juzgamientos y posiciones políticas o ciudadanas. Por lo mismo, en las redes circulan imágenes de héroes y antihéroes a través de memes, bromas, chats y también un gran conjunto de comentarios especializados apañando una y otra posición.

A esto hay que añadir la fuga del exjuez Hinostroza, que pasó de gran autoridad de la corte a prófugo de su propio sistema jespudicial, y que al llegar a España fue detenido… cuando aquí se paseaba como Pedro en su casa. La Corte Suprema declaró ineficaz el indulto otorgado al expresidente Alberto Fujimori, quien de manera inmediata fue internado en una clínica y sobre cuyo estado de salud a estas alturas ya no se puede afirmar nada concreto.

En cuerda separada, el pleito por la Fiscalía sigue su curso. Todo indica que hay dos grupos que responden a intereses distintos, a círculos de poder que mueven sus piezas al interior de esa institución y que investigan o encubren de acuerdo a una política subalterna. Si eso fuera así, ambos bandos deberían irse; sin embargo, la discusión no está pasando por ahí sino más bien por quedarse con tal o cuál fiscal.

Hay muchos intereses e información bajo la mesa en los diversos escenarios. Para colmo, la Fiscalía investigará el caso Chinchero y esto podría alcanzar al propio presidente. Y mientras todo esto ocurre, hay más congresistas que evalúan renunciar a sus bancadas; otros que analizan ser testigos protegidos; y no ha faltado quien se ofreció como testigo para luego retractarse. Así es en el actual contexto el escenario del Perú.

Durante años se ha hablado de los Fujimori todos los días (sea del expresidente, de su hija o de Kenji), personajes que de una u otra forma han estado presentes en la política en las últimas décadas. Quizás haya llegado el momento de cerrar definitivamente esa página, de cambiar de dial y de dejar de lado a los Fujimori para permitir que puedan aparecer nuevas formas de liderazgos, sin lastres o herencias políticas de ningún tipo. Lo que tendría que venir no es solo un postfujimorismo para los fujimoristas, sino un escenario de postpolítica en general: queda todavía una larga lista de “nuevos involucrados” de todas las tiendas políticas cuyos nombres circulan en los pasillos, y mucho parece moverse en función a esos intereses y/o complicidades en esta aturdida realidad.

Se viene más de Lava Jato, más de los peajes y más del financiamiento de las campañas. En el Perú cualquier cosa puede pasar y los escándalos seguirán sacudiendo las noticias y la opinión pública. A ver qué ocurre en noviembre.

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