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Opinión


6 Diciembre, 2017.

Bitácora de noviembre

¿Será verdad eso de que nadie preguntó de dónde venía el dinero de la campaña por el NO, para los paneles o propaganda televisiva producida en Brasil? ¿Tan ciega era la fe de quienes siempre desarrollaron una gran perspicacia para detectar lo impropio en otros?

¿Será verdad eso de que nadie preguntó de dónde venía el dinero de la campaña por el NO, de que todo estaba tan OK que a nadie se le ocurría preguntar cómo se financiaban los paneles o la propaganda televisiva que se producía en Brasil? ¿Tan ciega era la fe de quienes siempre desarrollaron una gran perspicacia para detectar lo impropio en otros, que no pudieron ver las entrelíneas de su propia campaña? ¿Nadie se preguntó nada o es que, de una u otra forma, se convirtieron en cómplices pasivos de algo que los inundaba de a pocos, a sabiendas de que ese río podría arrastrar luego a más de un funcionario y sus propias convicciones?

Y es que noviembre fue un mes de nuevos escándalos. Irrumpieron en el escenario, el destape del financiamiento de la campaña del No, y otros más. Destape es un decir, pues todos lo sabían o lo presentían (los peajes además habían subido escandalosamente de costo y hay quienes lo asocian a enrarecidos contratos de concesión).

Y cuando se habla de financiamiento para campañas políticas a cambio de futuras licitaciones, tal vez no sólo se esté hablando de actos de corrupción sino, incluso, hasta de una práctica frecuente ejercida por algo así como un exclusivo “círculo de poder”; algo parecido a un club de complicidades que generaba entre sus miembros mecanismos de silencio y hasta recomendaciones en torno a prácticas mal habidas. ¿Sino cómo explicar que Toledo, los Humala-Heredia —y hasta la exalcaldesa— estén implicados en historias parecidas y con las mismas fuentes de financiamiento? No solo se habrían asociado sutilmente en el marco de campañas electorales, sino que además hasta habrían formado parte del mismo paquete para Odebrecht.

Y es que ese tipo de práctica reiterada pasaba de un gobierno a otro, de obra en obra, de negociación en negociación. Se extendió en varios niveles: las cabezas, (llámese autoridades políticas) a nivel de acuerdo y consentimiento, y los funcionarios intermedios, a nivel ejecutivo y de firmas. ¿Ocurrió solo en la última década? Todos sabemos que no. ¿Acaso estamos hablando de algo nuevo y sorprendentemente distinto?

La diferencia es que esta vez los casos se están judicializando y que en el camino han aparecido algunos personajes que desde sus puestos se están enfrentando al poder de la corrupción. Además, la tensa cohabitación entre el Ejecutivo y el Congreso está ayudando a este fin. Si el Poder Judicial o la Fiscalía se lentifican, presiona el Congreso; si el Congreso se excede, actúan las redes y la prensa marcando ciertos límites. Si el Gobierno omite o se hace de la vista gorda, el Congreso y las redes reaccionan.

Y la información sigue llegando de afuera. Tal vez, incluso, llegue a involucrar al más alto nivel del Ejecutivo, al propio presidente de la república. Todo parece indicar que el tema lo puede afectar por haber omitido dar o precisar cierta información que empieza a aparecer y que todavía está en etapa de consolidación. No se duda de una tarea desprendida del actual mandatario: tal vez sí de un entorno de negocios antes de llegar al más alto cargo que ostenta en la actualidad.

Noviembre también trajo la noticia de que Manuel Burga había formado parte de un círculo internacional de corrupción, digamos globalizado. Y fue un mes en el que el Ministerio Público se animó a investigar a las empresas consorciantes de Odebrecht.

Lo más surrealista de esto es que todo siempre se supo: no hay desde esa perspectiva nada nuevo bajo el sol. La información siempre estuvo flotando; siempre se sospechó, se habló, se respiró. Pero nunca pasaba nada, sea por miedo, por coacción, por complicidad, por impotencia, por sumisión o por falta de apoyo a la verdad. También debido al desprecio en el escenario público por los que en la práctica no tienen voz y que reclamaban una conducta más idónea en las esferas de poder.

Algo parece que podría estar cambiando. Mientras tanto, veamos qué pasa con estos destapes sumados a aquellos que seguirán surgiendo.


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