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Opinión


8 Junio, 2018.

Bitácora de mayo

La lucha que Paolo Guerrero sostuvo a nivel internacional se ha convertido en un ejemplo contra la adversidad. Mientras tanto los viajes del presidente están generando esperanza en la población, pero también demandas.

Mayo ha sido en líneas generales un mes políticamente tranquilo porque se acerca el Mundial y la atención está más centrada en eso que en la política. Luego de 36 años de ausencia, eso es entendible. Por lo mismo se ofrecen camisetas en las calles y la gente empieza a organizarse para dicho certamen. En todos lados se habla del Mundial. Los programas deportivos empiezan a subir de rating.

Y el tema de Paolo acaparó la atención no solo porque fue víctima de una injusta sanción, sino porque lo que estaba en juego era la propia performance de la selección. Finalmente, eso se arregló en parte y ahora la lucha que el jugador sostuvo a nivel internacional se ha convertido en un ejemplo contra la adversidad. El país incluso respiró tranquilo cuando logró la medida cautelar que lo habilita para estar presente en Rusia. Así es la política, a veces está sujeta a aspectos distractivos.

Más allá de eso, ha habido hechos de relevancia que tienen que ser mencionados. El más impactante fue la muerte de una joven cuyo único pecado fue gustarle a un sujeto trastornado que –por odio, celos, autoritarismo y locura– le roció gasolina. Lo ocurrido no tiene forma de ser perdonado. Pero hay preguntarse si no es también el síntoma de una falta de atención a la salud mental de la población. Y es que vivimos en un país en el que no se atiende la salud emocional de manera preventiva, en el que no se impulsa la educación cívica, y que no brinda apoyo y consejería a las millones de familias que avanzan solas ante un Estado que no se preocupa por su desarrollo como núcleo vital.

Resultado: una sociedad con individuos trastornados. Y en esto hay responsabilidad de parte de los gobiernos, los ministerios, los colegios, las autoridades regionales, los municipios y los partidos políticos. Cómo será de grave el vacío que existe en este tema que en las últimas elecciones ningún candidato habló de esto. Y cada día hay más casos de feminicidio, maltrato, violencia, abuso, machismo, prepotencia, etc. Nada justifica lo ocurrido y se espera que el asesino reciba la mayor de las penas por estos sucesos que conmovieron a la opinión pública.

Ya en el plano de la economía, el tema del aumento al Impuesto Selectivo al Consumo estuvo haciendo eco todo el mes. El gobierno subió (sin mayor estudio) los precios de todo para hacer caja. Aplicó una medida sin mucha reflexión, que genera recaudación pero afecta el bolsillo de los consumidores finales. Incluso se llegó a hablar de gravar con más impuestos a los que ganan menos. El tema enfrentó a los propios miembros del gobierno, generó descontento y cuestionamientos, y finalmente llevó la renuncia del ministro de Economía, que solo duró en su cargo dos meses. Y con esta baja ya son dos los ministros que dejan el gabinete Villanueva. Dos por no decir casi tres. Y es que al paso que va la ministra de Desarrollo e Inclusión Social, no sería improbable que pronto salga del Gabinete por su desacertado manejo laboral.

Mientras todo esto ocurre, el presidente Vizcarra recorre el país en forma planificada. Se acerca a la población y conversa con ella. Revisa los proyectos regionales en cada lugar. Pero estos viajes no están yendo de la mano con una rápida solución de los problemas y/o el inicio de ejecución de obras.

Los viajes del presidente están generando esperanza en la población, pero también demandas. Y si no se ejecutan obras y cambios rápidamente, de la demanda pronto se pasará a la exigencia. Y de ahí a la protesta. Si esto sigue así, será previsible dilucidar una crisis de expectativas. De ahí la importancia de un trabajo de comunicación que todavía no se aprecia.

Vizcarra ya tiene dos meses en el gobierno. El país está más tranquilo con él que con su antecesor. Pero se empieza a apreciar una coordinación poco integrada en el Ejecutivo. Además, el presidente está obligado a trabajar como un equilibrista que a su paso tiene que satisfacer y sonreír a propios y extraños. No tiene partido propio que lo apoye orgánicamente; tampoco una bancada de su confianza y lealtad, ni seguidores políticamente involucrados. El Mundial le servirá hasta casi el 28 de julio. Y quizás después comience la verdadera evaluación y demandas en serie para el actual gobierno.


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