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Opinión


4 Marzo, 2018.

Bitácora de febrero

PPK está transitando por la gobernabilidad como un equilibrista del que no se sabe si llegará a la meta o caerá en el camino. Todo esto obviamente afecta la economía, la gobernabilidad y la tranquilidad de los peruanos.

¿Alguien se siente realmente sorprendido de que Odebrecht haya financiado algunas de las campañas electorales? Por supuesto que no. Todos lo intuíamos o lo imaginábamos porque en nuestro país el financiamiento de las campañas a cambio de favores y/o tratos preferenciales es una costumbre arraigada. Cómo será la cosa que postular a la presidencia ha llegado a convertirse, en algunos casos específicos, en una forma de hacer dinero: dinero que no necesariamente termina en los partidos.

En muchos casos, nadie sabe a ciencia cierta de dónde viene la plata y quién se la da. La ONPE exige informes, pero todos sabemos que hay quienes hacen doble contabilidad. Siempre ha sido así, y desde esa perspectiva no hay nada nuevo en este escándalo. No es, además, un asunto exclusivo de Odebrecht: hay otras empresas involucradas en el caso de ciertas candidaturas. Que no se pueda demostrar con documentos en la mano es otra historia.

Y la culpa es, fundamentalmente, de esa complicidad que siempre ha existido por parte de los partidos, de los aportantes –y, en algunos casos, también de los candidatos– en torno al financiamiento de las campañas. La responsabilidad es de un sistema que nadie se ha atrevido a regular cabalmente y que siempre ha permitido que en época electoral entre dinero bajo la mesa.

Lo mínimo que debería hacer un candidato que pretenda dirigir el país es bancarizar todo el dinero de su campaña, contabilizarlo públicamente y pagar los impuestos que esos movimientos puedan generar. ¿Es eso difícil? No. Pero no se hace así y por eso no sorprende la información aportada por Barata. No hace más que describir una penosa realidad que siempre ha estado ahí, al margen de los nombres puntuales que han aparecido y cuya participación tendrá que ser demostrada.

En la forma como un candidato gestiona su campaña está la forma de cómo gobernará. Ahí está el indicador de lo serio o de lo chicha de su eventual gestión. La relación es radiográfica.

Con este escándalo que hoy remece al Perú termina el mes de febrero. Un mes que además estuvo acompañado por fuertes rumores sobre la gobernabilidad y también por reacomodos en el Congreso. Ya son once los congresistas que se alejaron de Fuerza Popular y todo indica que esa cifra irá en aumento.

Keiko tiene un caballo de troya en esa disidencia y está perdiendo puntos en las encuestas. La sistemática escalada de conflicto que ella alimentó con el presidente y con su hermano ha logrado que ellos dos se unan. Y ahora Kenji ha renunciado a Fuerza Popular, lo que implicará la creación de una nueva agrupación antagónica a Keiko pero de inspiración fujimorista. El silencio y el verticalismo de la lideresa de Fuerza Popular no le dieron los resultados que esperaba: no logró vacar a PPK y el conflicto con su hermano se le ha ido de las manos.  Es de suponer que todo eso repercutirá en su imagen y liderazgo.

Febrero ha sido además un mes movido en el plano internacional por la divergencia generada en torno a la presencia de Maduro en la próxima Cumbre de las Américas. Había sido invitado formalmente por PPK, pero luego mediante una conferencia de prensa de la canciller se le desinvitó. ¿Eran las formas? Aunque en el país existe un consenso sobre los alcances de la dictadura venezolana, cancillería entró en entredicho por las maneras utilizadas y la forma improvisada conque se gestionó esos aspectos.

Una mención aparte y bastante particular este mes la merece la primera ministra. Ella ha declarado en estos días que la violencia viene de espacios familiares en los que hubo anemia y en los que el cerebro de la gente no se desarrolló bien (?); que si PPK es vacado ella renunciará, lo que equivale boicotear a Vizcarra e incumplir con un encargo constitucional (¿?); se ha permitido contestarle de tú a tú al presidente Maduro y en forma poco diplomática; y, finalmente, dijo que el fallecido parlamentario Javier Diez Canseco inventaba historias para luego amenazar a la gente (¿?).  Sus declaraciones son sorprendentes. Ella maneja la comunicación mejor que su antecesor pero igual sería recomendable que le ponga un filtro a ciertas declaraciones, porque aparecen como intervenciones improvisadas y generan desconcierto.

Más allá de estas anécdotas, en términos de gobierno y resultados se sigue apreciando el malestar en la calle, en los reclamos, en la lentitud, en la insatisfacción, las cifras y los resultados. ¿Qué hacer? ¿Cómo solucionarlo? Antes, si alguien pedía la vacancia de un presidente este aparecía como una persona atrevida, audaz, malcriada… hasta irresponsable. Hoy se habla del tema en los medios prácticamente todos los días. Demás está decir que nadie en su sano juicio quiere eso.

Y es que PPK está transitando por la gobernabilidad como un equilibrista del que no se sabe si llegará a la meta o caerá en el camino. Todo esto obviamente afecta la economía, la gobernabilidad y la tranquilidad de los peruanos. En marzo regresan los parlamentarios, y con ello su trabajo mediático a favor y en contra del gobierno. A ver qué pasa.


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